Fundación Narciso Pichardo: con música es posible ver que exista un mundo mejor

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El maestro enseña a niños de entre 5 y 14 años | Foto: Carolina Soto

Caracas.- Después de tener más de 50 años impartiendo música a los niños de la populosa parroquia de La Pastora, en el centro de Caracas, el maestro Narciso Pichardo asegura que su logro más importante es enseñar que “la música de alguna manera puede contagiarlos de felicidad y hacer que se den cuenta de que existe un mundo que puede ser mejor”.

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Está absolutamente convencido de algo: “En todos estos años hemos logrado salvar a muchos niños de las drogas, del hamponismo y de la desidia. ¿Sabes cuántos niños se han salvado de caer en la droga y en la desidia? Esto ha sido un trabajo preventivo más que todo”. De esta forma, el cultor popular y patrimonio cultural de la parroquia La Pastora describe los alcances de la Fundación Narciso Pichardo, organización creada por la propia comunidad para dar carácter legal y proteger esta institución musical que, aunque es local, representa una referencia para cualquier músico profesional venezolano.

Pichardo comenzó a dar clases de música en los años setenta, cuando se sentaba a tocar guitarra clásica, su instrumento predilecto, en la plaza de La Pastora, donde comenzó a dictar clases improvisadas. “En los setenta yo me iba a la plaza y les decía a los muchachos: ‘Agarra ese tambor y ven, para que aprendas a tocar una gaita’, y sé que esos chamos, después de tantos años, hicieron cursos de arte, de trabajo, porque la música de alguna manera los contagió”, contó Pichardo al recordar esa época.

Su método consiste en el neuroaprendizaje | Foto: Carolina Soto

En la plaza estuvo mucho tiempo enseñando su arte, hasta que le propusieron que lo hiciera en la casa parroquial de la iglesia La Divina Pastora, un lugar pequeño donde tiene una matrícula que va de 30 a 40 niños, cuyas edades oscilan entre los 5 y los 14 años. A ellos les imparte talleres instrumentales.

Y aunque Pichardo, a sus casi 70 años, se muestra muy consciente de su aporte a la comunidad, afirma que no es ostentoso y que nunca tuvo intenciones de buscar la fama. “Nunca he hecho esto para ganar dinero. A veces los representantes dan una colaboración simbólica o hasta me traen comida, pero hacer de esto un negocio nunca fue mi objetivo”, confiesa.

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Mejores ciudadanos

La efectividad y el alcance de estas clases de música se notan en los jóvenes preparados para entrar a importantes orquestas nacionales y ejercer como profesores en los núcleos del Sistema de Orquestas Simón Bolívar, instruidos según la metodología de Narciso Pichardo, quien con orgullo comenta que “por aquí han pasado muchachos que tienen hasta 20 pasaportes llenos de tanto viajar por el mundo con su música”.

“En estos más de 40 años he logrado desarrollar una metodología para comprender cómo enseñar a los niños a través de la neuroprogramación, las memorias visuales, las memorias auditivas, cómo mejorar la coordinación y, sobre todo, lograr que el niño tenga un sentido de existencia mucho más efectivo, porque el dogmatismo y el pragmatismo han hecho que los niños se sientan como pajaritos que van de una rama a otra. No tienen un sentido de existencia, de que tienen y ocupan un lugar en el espacio, de que ellos están en el tiempo y van a crecer”, cuenta el maestro, y agrega que esta dinámica de aprendizaje induce a quienes pasan por sus clases a “elaborar un proyecto de vida”.

Las clases se dictan en el salón parroquial de La Pastora | Foto: Carolina Soto

Uno de los beneficiados por esta forma de enseñar es Javier Tovar, de 18 años. Es estudiante del maestro Pichardo desde que tenía 5 años, y como todos los que acuden a la fundación, aprendió de composición y ritmo a través de colores y formas. Hoy toca el violín y es miembro del Sistema de Orquestas de Venezuela en el núcleo de San Agustín.

“Esta es una experiencia maravillosa, porque el profesor inspira a los demás alumnos a motivarse, a seguir luchando por la música”, cuenta Javier, quien destaca el cariño y la amabilidad con la que el maestro Pichardo imparte sus lecciones.

Javier se muestra orgulloso de ser músico y dice que su familia lo ve como una inspiración por el entusiasmo que le imprime a este oficio, que lo lleva a realizar ensayos de hasta cuatro horas diarias.

“Cuando veo a un niño o joven con alguna cualidad entonces le propongo a sus padres que lo traigan, y si no tienen instrumento, hago lo posible por conseguírselo. Y a los que veo en la calle, usando su tiempo de ocio en banalidades, me les acerco y conversó con ellos para tratar de arrimarlos a este lado de la vida”, dice el maestro, mientras mira con alegría el ensayo de Javier.

Pichardo, como le gusta ser llamado, fue alumno del fundador de la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), Vicente Emilio Sojo. Esa formación se la ha transmitido a todos los muchachos que han estudiado con él y a los que actualmente asisten a sus clases en la casa parroquial de la iglesia de La Pastora.

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Desde este espacio, cuyo techo fue reparado hace muy poco y con mesas y sillas en mal estado, el maestro aplica sus técnicas de psicopedagogía y neurolingüística para enseñar a los niños, siempre involucrando a los papás en el proceso.

“Enseñamos lenguaje musical, teoría y solfeo, pero haciendo que el alumno aprenda a tocar el instrumento con un cifrado musical que le ahorra tiempo a la hora de participar en los grupos. Tenemos que hacerlo así, porque si empezamos por la teoría se fastidian y se van. Necesitamos mantenerlos en la música, que conozcan las tradiciones venezolanas y que se las apropien. Es necesario que se mantengan aquí y que eviten perderse en ese ambiente de vicios que los rodea”, explica Pichardo mientras garabatea en una hoja de papel notas musicales y las pinta de colores para que Javier, uno de sus estudiantes, de 5 años, pueda asociar los colores con el sonido y “aprender mejor”.

El músico vive en una pensión | Foto: Carolina Soto

Rodolfo Martínez, padre de Javier, agradece la dedicación que Pichardo le ofrece a su hijo y asegura que en un mes de clases ya se notan los cambios en el niño: “Me parece una maravilla que esté aquí, porque el cambio se nota. Antes era como más tremendo, pero ahora está más tranquilo y presta mayor atención. A él le encanta la música, y cuando no hay clases, igual me dice que quiere venir”.

Martínez recalca que el profesor Pichardo ha inculcado en el niño el hábito de prestar atención y espera que Javier se interese a largo plazo por la música. “Me gustaría que llegara a ser un gran músico, pero lo que más me importa es que sea un buen ciudadano, que la música lo ayude a ser un buen ciudadano, porque los muchachos cuando estudian este arte están con la mente sana, aprendiendo cosas buenas y no procuran aprender cosas malas. Quiero que la música sea un mundo aparte para él”, dijo.

Es así, con pocos recursos, un salón prestado e inmobiliario remendado, como el maestro Pichardo enseña a los niños pastoreños a vivir a través de la música e inculca en ellos las virtudes de “un buen ciudadano”.

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