La bala que terminó con la vida de Diego Arellano, “el scout rulitos”

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En Los Nuevos Teques continúan las barricadas por segunda noche consecutiva | | Vecinos de San Antonio de Los Altos y Las Minas
Actos de protesta en rechazo a la muerte del joven | Vecinos de San Antonio de Los Altos y Las Minas

San Antonio de los Altos.- “Rulitos” era su nombre en el grupo Scouts de Venezuela al que perteneció, el grupo Cayaurima. Diego Arellano fue asesinado este martes por una bala que le perforó órganos vitales al entrarle por el tórax. Aún con vida se lo llevaron en una pequeña moto de paseo de color rojo, el mismo color de su franela del Caracas Fútbol Club y de la sangre que derramó en el pavimento de la avenida Perimetral de San Antonio de los Altos, en el municipio Los Salias de Miranda, donde defendía sus ideales de una “Venezuela en Libertad”.

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“Lo vimos pasar en la moto, apenas llegamos”, dijo un fotógrafo que logró captar la última foto de Diego con vida. Eran casi las 11 am. Pasada la 1:30 pm, se conoció de su muerte en el quirófano de la clínica El Retiro. Los galenos hicieron todos los esfuerzos por salvarlo, pero el daño era inminente y el desenlace fatal era lo único que se esperaba.

Diego fue de los primeros en llegar a apoyar a los jóvenes que se quedaron en pernocta en este sector tras declararse en resistencia permanente. Quizás, porque creció con el lema de «Siempre Listo”, nunca faltó a una marcha o una concentración en su pueblo natal. No necesitaron convocatoria de la Mesa de la Unidad Democrática. Para ellos no hay retorno y la calle será donde librarán sus batallas.

Es la víctima número 54 de los hechos violentos que han ocurrido en el país durante los últimos 46 días y la 43 durante protestas que son reprimidas por funcionarios de la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana.

Testigos señalan que a Diego, el biólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela y sanantoñero graduado de la escuela comunitaria, lo mató una bala detonada por la GN. Diego batalló y resistió en una camilla de quirófano, pero una bala terminó con los sueños de lucha de un joven de 31 años, el único hijo que le quedaba a la profesora María Isabel en el país.

Mientras que a Diego lo atendían, seguía la batalla en la redoma y toda la avenida. «A esos guardias los vamos a matar, ese era nuestro guerrero”, decía uno de los chamos encapuchados cuando ni siquiera sabía que había muerto.

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La resistencia en San Antonio de los Altos no necesitó una agenda política ni una convocatoria. De inmediato se fueron acercando cientos y cientos de personas. Todos los comercios estaban cerrados por temor a saqueos, pero sólo un supermercado permaneció abierto. Ahí compraron gran parte de los insumos y alimentos para preparar la comida que le darían a los “guerreros”.

El grupo de jóvenes sanantoñeros son los denominados «guerreros de San Antonio». Otros llevaron botellas, palos, escombros y una que otra “puputov” que lograron estrellar contra el piquete de los castrenses.

En el ambulatorio Rosario Milano atendían a los heridos con contusiones y heridas de perdigones leves. Hasta allí llegaron colaboradores con insumos: desde suero hasta gasa, alcohol y medicinas.

Nada faltaba en el dispensario para atenderlos. Todos se acercaban a los puntos dispuestos en cada urbanización, sin que nadie los convocara; la ayuda fue masiva. “Estamos aquí porque cada quien pone su granito de arena para esta lucha, en la calle seremos libres y saldremos de la dictadura”, dijo una señora que llevaba tres racimos de cambures a un punto en la avenida Perimetral.

Otro grupo limpiaba la cara de los manifestantes y les daban camisas y medias. Hasta ropa llevaron para que “los guerreros” se cambiaran el uniforme “de lucha” empapado de una feroz y pertinaz lluvia que no cedió en toda la mañana.

Piden apoyo para continuar el combate. Este martes, la comida fue sopa y arepas para la cena, pero el miércoles la batalla continúa y el menú no dejará de proveer del combustible a los guerreros sanantoñeros. La batalla cumple 40 horas en estas calles mirandinas.

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