Lo que no resuelve la ANC | Edilia Silva, una maestra dedicada y mal remunerada

122
“En este país es más fácil pedir. Por eso les enseño a mis alumnos a trabajar por lo que quieren” | Foto: Yessica Sumoza

Caracas.- En el 23 de Enero, a media hora de la estación de Metro más cercana, está la casa alquilada en la que viven Edilia, su esposo y sus tres hijos. Ella se levanta todos los días antes de las cinco de la mañana para llegar a tiempo al Liceo Andrés Bello, cerca de la Candelaria, donde es profesora desde hace ocho años. Allí pasa todo el día: a la siete de la mañana firma su llegada en la carpeta de asistencia y se va luego de las cinco de la tarde.

Lee también: Expertos recomiendan activarse y seguir adelante frente a crisis política

Edilia del Valle Silva Zambrano ha dedicado 12 de sus 40 años a la docencia. Su título, que obtuvo en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (Upel), dice “Profesora de Educación Comercial”.

Admite que las aulas de clases son sus trincheras. “Yo quiero formar jóvenes para el país”, asegura. Es dedicada y le gusta enseñar. Contó que hace algunos años, cada semana compraba caramelos y chocolates para motivar a sus alumnos; ahora solo puede hacerlo una vez al mes. Ama su profesión y por eso no le importa aumentar su tiempo de trabajo.

De hecho, hasta julio de 2017 había tenido la responsabilidad de 32 horas académicas, pero asumirá 50 para el año escolar que comenzará en el mes de septiembre. La razón es la reforma curricular en Educación Media que, por decisión del Ministerio de Educación, se estableció el 8 de diciembre del año pasado, en Gaceta oficial N° 41.044.

En esa misma institución se graduó de bachiller su hija mayor, Ronailyn, hace casi un mes. También estudian Moisés y Adrián, sus hijos menores, de 16 y 13 años respectivamente. Aunque no siempre fue así. Antes, ella y su esposo Ronny podían pagar colegios privados.

Todo el sueldo se va en comida

Con el aumento salarial anunciado por el presidente Nicolás Maduro el 2 de julio, Edilia tiene un ingreso mensual de 393 mil bolívares. Sin embargo, la inflación de 274%, de acuerdo con el último reporte del Banco Central de Venezuela y 720%, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, ha golpeado el bolsillo de la docente.

Su bono vacacional fue de Bs. 1.300.000. Lo cobró el jueves 13 de julio y para el lunes 17, ya no tenía dinero. La mitad, lo debía. La otra parte la usó para comprar las medicinas de su mamá y comida. Solo en una semana gastó más de Bs. 200.000 en alimentos, es decir, el 50% de su ingreso mensual.

“Para lograr un cambio en el país, debemos comenzar con el sistema educativo” | Foto: Yessica Sumoza

Las vacaciones ya no son como antes. La última vez que viajó con su familia fue en el año 2010, a la Isla de Margarita. Desde entonces, pasan los días en parques y centros comerciales. Recientemente llevó a su hija con una amiga al cine y gastó Bs. 30.000. Quiere llevar a sus dos hijos a la playa y ya sabe que para un viaje ida y vuelta debe reservar mínimo 50.000 bolívares.

Todos usan el mismo uniforme

El salario de Edilia ni siquiera le alcanza para comprar los uniformes. Los pantalones que ya no le quedan a Moisés, el mayor de los varones, los usa Adrián. Las camisas que dejó Ronailyn, ahora serán de Moisés. Todo se recicla.

Lee también: El Pitazo dictará taller de periodismo a comunidades en Yaracuy

Para la lista escolar, está preparada. Hace tres años compró cuadernos como para cinco períodos escolares completos. Todavía quedan suficientes para este año. Igual que los sacapuntas, gomas de borrar y lápices. De hecho, a sus alumnos les pide que hagan cuadernos con las hojas que quedaron del curso anterior. Los libros los entrega el Ministerio de Educación.

La única inversión que hará este año será en zapatos, “porque ya tienen dos años usando los mismos”. Calcula más de 150 mil bolívares para cada par.

Para los maestros, la salud es un lujo. El seguro del Ministerio de Educación solo cubre consultas preventivas y apenas un día de hospitalización. La falta de dinero hizo que Edilia suspendiera las consultas médicas de sus hijos menores. Adrián, quien tiene síndrome de Asperger, dejó de verse con su psicopedagoga, y Moisés tampoco ha ido al control con el neurólogo desde hace seis años.

Mientras relata su situación, a su mente llegaron los recuerdos de su niñez. Su mamá trabajaba como bedel, pero siempre pudo cubrir todas sus necesidades. “En la cuarta (República) la cosa era difícil, pero yo era feliz”, dice con nostalgia.

¿Qué tan útil fue esta publicación?