Maduro cantó, bailó y mandó al carajo a gobiernos de Washington y Europa desde acto de campaña en el litoral

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Foto: Nadeska Noriega
Foto: Nadeska Noriega

La Guaira. Hubo música, canto y baile. Solistas de música criolla y de estilos más modernos y pegajosos. La plaza Bolívar – Chávez de La Guaira lucía llena. Nicolás Maduro subió a la tarima con una camisa azul aguamarina y tomado de la mano con su esposa, Cilia Flores. Saludó con emoción, a quienes les esperaban en la plaza y a los pescadores que rodearon con sus lanchas la parte posterior de la plaza que da al mar. El montaje había sido dispuesto y preparado por el Psuv Vargas y los líderes locales. Un bastión del chavismo, como la entidad costera, debía recibir al Presidente y candidato a la reelección por todo lo alto. Y aunque no se vivió el furor que generaba el fallecido Hugo Chávez, el evento de campaña en el litoral llenó las expectativas de sus organizadores, aunque no tanto de quienes esperaban con sus papelitos con peticiones y que no pudieron ser entregados por el severo cordón de seguridad que acordonó la tarima. Cosas del calor del trópico.

“Aquí está tu pueblo Presidente”, gritó el gobernador García Carneiro, quien como jefe del comando de campaña regional, estuvo a cargo de la presentación. El gobernador lucía emocionado, pero su intervención quedó deslucida, pues la euforia se cortaba con quiebres de voz y “los gallos”, entre cada frase.

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“Falcón dice que ganará la presidencia de la República y que si gana le entregará el puerto de la Guara a los gringos para que vengan a dominarnos. Te vamos a demostrar quien defiende la Patria con 10 millones de votos patriotas”, dijo Maduro, señalando los descascarados silos trigueros ubicados en la zona portuaria, donde los barcos son cada vez más escasos.

Foto: Nadeska Noriega

Maduro aseguró que “me siento preparado y estoy listo para asumir la presidencia hasta el 2025”. Hablo de Gual y España, de las tribus indígenas de Vargas, de lo bonita que está La Guaira. No se habló de apagones, de la falta de agua, de las protestas por el transporte o la falta de comida. Tampoco se recordó la promesa electoral del Hospital General para Vargas, que sería levantado en Catia la Mar y que fue su bandera en la campaña en la que enfrentó a Henrique Capriles en 2013 y que ni siquiera llegó a maqueta.

Entre baile y algarabía, Maduro habló de paz y amor y del legado de su nueva gestión de gobierno, que se concentrará en resolver la inestabilidad económica. A pesar el tono pacifista, no dudo en mandar largo a los gobiernos de Estados Unidos y Europa, así como asomar el uso de las armas para defender la revolución.

“Me importa un carajo sí Washington o Europa reconocen mi gobierno. (…) Si algún día llegara un Gobierno que pretenda entregar las riquezas, yo sería el primero que daría un grito y tomaría un fusil para hacer una revolución armada con el pueblo si fuese necesaria y llamaría al pueblo a las armas».

Ya de despedida, Maduro beso a dos niños y una viejita logró alcanzarlo y recordarle que del 0800 Salud, no la han llamado para darle el remedio de la tensión.

Cerca de la tarima, los oficialistas comprometidos repetían consignas y se manifestaban dispuestos a defender a su presidente candidato del imperio y la oligarquía. Las mismas voces corearon “bono, bono, bono” y Maduro respondió, ya de salida, que “quien vote con el carnet de la patria, cuente con su bono de lealtad”.

En las afueras de la plaza Bolívar – Chávez, otros guaireños veían el acto con gran malestar. “Allí están aplaudiendo a Maduro, bailando y sin reclamarle nada. Ahora cuando termine el acto se van caminando a su casa y no tienen agua o comida. Somos un pueblo masoquista”, dijo Eli Quezada, quien vestía una camisa roja, que no se traducía en simpatía con la revolución.

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