Mercado de Chacao: el refugio de los productos perdidos de la cesta básica

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Un pintoresco edificio de ladrillos rojos, ubicado en pleno corazón de Chacao y cuya entrada está decorada con puestos de flores para todos los gustos, y ventas de frutas y hortalizas en perfecto orden, es también el refugio de los productos de la cesta básica que ya no se encuentran con facilidad en los anaqueles de los supermercados.

Si decides entrar por la parte trasera, el olor a flores te invade. Girasoles, herberas, rosas, gladiolas, lirios, orquídeas… El tipo de flor que busques lo vas a encontrar en el Mercado de Chacao, donde hay “de todo como en botica” y la variedad en los productos oscila entre un cartón de huevos, alimentos de todo tipo y hasta ropa para mascotas.

Si es por la entrada principal, entonces te puedes topar con dos agencias bancarias y una tienda de productos hechos con artículos reciclados. A partir de allí el recorrido se hace cómodo en este lugar que se inauguró el 30 de octubre del 2008 y fue concebido como un lugar para el encuentro ciudadano. Quizá a ello se deba que los productos estén situados de forma agradable en los cinco niveles que componen este moderno mercado: terraza, comercio, mezzanina, planta baja y calle.

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La primera planta ofrece, a quien la transita, hortalizas, legumbres, especias, carne, pescado, pollo y huevos; además de quesos y charcutería que va desde lo más común hasta cualquier exquisitez para gustos más exigentes. En la mezzanina deslumbran las frutas con sus brillantes colores, pero es justo en ese nivel en el que en un largo pasillo se puede encontrar “la gallinita de los huevos de oro” del mercado: los desaparecidos productos de la cesta básica.

Y aunque “las ventas han bajado” y “las ganancias son muy pocas”, vendedores con más de 40 años en el mundo de los mercados populares siguen apostando al trabajo, como es el caso de Pura Torres, quien asegura que el atractivo de este espacio en Chacao con respecto a otros similares es “que nosotros vendemos calidad”.

“Hay semanas que nos dan las ventas y otras que no tanto, pero lo vamos llevando poco a poco para que nos alcance para pagar el arrendamiento de los puestos”, contó Pura, quien explicó que mensualmente debe “desembolsillar” 110.000 bolívares para cancelar los gastos por hacer uso del espacio, el mantenimiento y los servicios.

A comprar

El colorido es característico en este espacio

Con 100.000 bolívares en mano, quien se aventure a realizar una compra en este espacio puede empezar por invertir unos Bs 40.000 en un kilo de tomates (3.000); un kilo de cebollas (5.000); un kilo de papas (3.500); un cartón de huevos, que oscila entre los 9.000 y 9.500 bolívares; un kilo de pollo picado, que tiene un costo de 5.500; un kilo de bistec de res, calculado en 9.000; y medio kilo de queso, cuyo costo es de Bs 4.000.

En una lechosa (1.600), durazno (3.000), guayaba (2.000), piña (4.000) y limón (1.400) se gastan Bs 12.000. Los 49.000 Bs restantes serán poco si se quiere comprar lo que se vende más caro en el mercado, porque, aunque se puede conseguir sin problema casi cualquier cosa de las que escasean, los vendedores piden hasta cuatro veces más de lo que marca la regulación del producto. Lo hacen pese a la prohibición de la venta de rubros básicos mediante el comercio informal, medida implementada hace tres años en la Gaceta 40.526, de octubre de 2014.

Los altos precios vienen de la forma en que los comerciantes se hacen con esta mercancía, pues “los bachaqueros con contactos pesados desvían los camiones hacía el mercado”, donde venden los rubros por pacas a altos precios y sin ningún tipo de regulación.

Este es el sistema descrito por Williams (nombre ficticio a petición de la fuente), quien con más de dos años y medio vendiendo en el Mercado de Chacao, asegura que en la actualidad los puestos no exhiben “ni la mitad” de la mercancía bachaqueada que expedían hace dos años. Entonces un operativo del Cicpc dejó varios puestos desvalijados y a algunos comerciantes en la quiebra por la cantidad de mercancía decomisada.

El joven relata que, aunque saben que la venta de estos rubros es ilegal, son muy escasas las visitas de las autoridades competentes, que solo van al lugar a intentar obtener una tajada de las ventas. “El Seniat y la Guardia lo que hacen es venir a chantajearnos… Nos amedrentan para que les demos productos o algo de dinero para no levantarnos multas”, contó.

Es así como en este pasillo de no más de 20 metros se puede encontrar jabón de baño desde Bs. 5.000, harina de maíz en 4.800, azúcar desde 5.000, café a 6.000 el medio kilo, papel de baño en 6.500 y 18.000, desodorante de cualquier marca a partir de los 3.900 y hasta los 10.000, champú en 6.000 u 8.000 y toallas sanitarias en 6.800.

Vendedores aseguran que ya no se consigue la misma cantidad de productos que antes

En esa compra se podría invertir el restante de los 100.000 bolívares dispuestos para “hacer mercado” en este lugar. Todo esto sin comprar mantequilla (6.000), leche (14.000) o harina de trigo, que se consigue entre Bs. 4.500 y 6.000.

Quizá esta sea la razón por la que muchos compradores aseguran que este es un lindo espacio, pero “no funciona para quienes buscan ahorrarse algo de dinero en la compra”, tal como afirmó Yeferson Seijas, que tras recorrer el lugar, logró comprar por 30.000 bolívares un paquete de 50 pañales para su hijo de 2 años.

La postura contrasta con la de otras compradoras, como Soraya Reyes de La Trinidad, para quien este mercado “es una opción fundamental para los que están dispuestos a pagar un poco más por calidad, comodidad y buen servicio”.

Pese a que estos espacios, que reciben a más de 72.000 personas al mes, están bajo la jurisdicción del Ejecutivo local, los municipios no tienen competencias sobre los precios y solo están en la capacidad de generar espacios para que se den las transacciones, ya que es el Estado quien se encarga de marcar las regulaciones, tal como lo establece la Ley de Precios Justos.

Lleno de contrastes

Café, detergente, harina y arroz se vende en estos espacios

Entre los colores, opciones y aromas que ofrece el Mercado de Chacao, también se esconde su gente, entre ella algunos vendedores de vieja data que venían del antiguo Mercado de Chacao y que ahora dan vida a este edificio. En el lugar sobra el respeto y la camaradería, lo que ha impedido que la delincuencia haga nicho en la zona o las autoridades matraqueras hagan su agosto allí, pues los comerciantes se defienden entre ellos y muchos hasta se consideran familia.

El “pinquirillo” es uno de estos personajes. Nacido en Cali (Colombia), este divertido hombre invita, a quienes transitan el pasillo donde está ubicado, a comprar sus hortalizas, y lo hace hasta cantando. “Voy para ocho años aquí y las ventas han bajado, porque estos precios no los aguanta nadie. Pero yo sigo en este país porque me ha dado de todo y yo tengo que estar muy agradecido”, dijo el colombiano.

Otros, aunque la pasan bien, no están tan esperanzados. Es el caso de Michell Oropeza, que aún con tres puestos dentro del mercado, asegura que “las ventas están en decadencia”, lo que lo ha obligado a reducir su personal. “Ahora estoy sobreviviendo de mis ahorros, y por eso he pensado en irme del país. Estamos en una situación lamentable, porque ahora hasta vemos gente que roba bolsas porque tienen hambre y no tienen qué comer”, enfatiza.

Oropeza lamentó tener que abandonar el mercado porque considera que “la convivencia es lo máximo”. Pero refirió con frustración que la crisis del país obliga a todos los venezolanos a “buscar nuevos rumbos”, incluso para él, que puede dividir su jornada entre sus tres puestos ubicados en niveles distintos.

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