A un año de la masacre de Tumeremo se siente pánico en el pueblo de Sifontes

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Foto: Constatino E./Archivo

 

Según el presidente de la Cámara de Comercio de Tumeremo, Erick Leiva, en promedio roban cinco comercios diariamente, tras el repunte delictivo | Foto: Constatino E.

Tumeremo. – La entrada de Tumeremo, por la troncal 10 del estado Bolívar, es una vía llena de huecos y varios comercios ambulantes. El comienzo del municipio Sifontes muestra al visitante un pueblo antiguo, que a un año de la masacre de 17 mineros está sumido en el miedo.

El 4 de marzo de 2016 comenzó la tranca en este mismo lugar. Familiares de los mineros masacrados en la mina El Miamo reclamaban que aparecieran sus allegados, toda vez que el Gobierno y la policía negaban que hubiera ocurrido suceso alguno.

La entrada, que hoy está despejada, estuvo trancada por tres días. Solo incomunicando al pueblo por 72 horas, los pobladores lograron que el Gobierno volteara la mirada… para volverse a retirar.

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“Este es un pueblo sin ley… Aquí ya no manda ni Guardia (Nacional) ni policía”. Después de una larga pausa, Evelyn Muñoz, joven habitante de Tumeremo, continúa sin reparo: “Aquí mandan los malandros”.

Son pocas las personas que se quieren referir a la masacre de Tumeremo. Ni el propio alcalde de Sifontes, Carlos Chancellor, quiere hacerlo. Tras el suceso, y una vez que se retiraron los funcionarios del Ejército, Guardia Nacional, Fiscalía y Defensoría del Pueblo, este municipio del sur comenzó a vivir la inseguridad como nunca antes.

El presidente de la Cámara de Comercio de Sifontes, Erick Leiva, lo confirma. Detalló que “desde la masacre, el comercio no se ha levantado. La tranquilidad duró el par de días que estuvo la Guardia Nacional aquí para disolver la tranca” de la troncal 10.

“Aquí nosotros tenemos un promedio de cinco comercios robados al día, sin contar los atracos que hay en la calle, que le arrancan las carteras a las mujeres… De verdad se ha puesto muy fuerte”.

A consecuencia de la inseguridad que dejó la masacre de Tumeremo, los comercios cierran a las 5:00 de la tarde, sobre todo en el centro. Antes podían estar hasta las 8:00 de la noche, según Leiva. Esto ha ocasionado pérdidas de hasta 70 por ciento para algunos negociantes.

Continúa la minería

La criminalidad viene dada por las pugnas entre bandas para mantener el control ilegal de los yacimientos de oro, conflicto armado que terminó por propiciar la masacre de los 17 mineros encontrados en una fosa común, en Tumeremo.

La situación sigue igual. Aun así, miles de personas se arriesgan a trabajar en las minas y parar en Tumeremo. Es lo que hace quien se identificó solo como Juan. Es de Calabozo, estado Guárico, pero tiene cinco años viniendo a trabajar como minero en Sifontes.

“Yo vengo para sobrevivir por la escasez de trabajo. Con lo que hago aquí en cuatro meses, puedo regresar y mantener a mi familia por un buen tiempo”, dijo. Para protegerse, asegura que “uno busca las minas sanas”, aunque confesó que “todas son peligrosas”, pues en todas hay conflictos armados. Por eso el miedo a revelar su identidad.

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Según Evelyn Muñoz, los habitantes del pueblo se encierran en sus casas a las 6:00 de la tarde, de un año para acá. El presidente de la Cámara de Comercio de Sifontes asegura que la zona más peligrosa es el centro.

Aquejados por inflación

«Aquí todo aumenta todas las semanas», confesó Carlos Muñoz, hermano de Evelyn. Atestigua el decaimiento del pueblo de un año para acá, aunque considera que “esto se volvió un malandraje cuando los militares se unieron al Gobierno”, durante la gestión de Hugo Chávez.

El kilo de arroz pasó de 3.800, la semana pasada, a 4.800 bolívares esta semana. Quienes no viven del oro son afectados por el alza indiscriminada de los precios.

También está el problema con el dinero en efectivo. En Tumeremo se comercia solo en papel moneda, ante problemas de conexión y escasez de puntos de venta, lo que ocasionó una ola de saqueos el 16 de diciembre, cuando el presidente Nicolás Maduro ordenó retirar los billetes de 100.

El comercio del oro, por ejemplo, es solo en efectivo. Un minero artesanal vende la grama de oro en 95.000 bolívares, y regularmente no deposita el dinero, pues lo usa para comprar, y la cantidad de billetes es cada vez más inmanejable.

Mientras el nuevo cono monetario “se ve poco” en Sifontes, el miedo encuartela a los vecinos en sus casas, mientras “los funcionarios no se dan abasto”, según Leiva, quien asegura que son pocos los oficiales policiales y de la Guardia Nacional.

La masacre de Tumeremo desnudó el control que tienen las bandas armadas en las minas y dejó importantes lecciones a seguir para impedir que algo así ocurra de nuevo. A juzgar por lo que se vive hoy en día en Sifontes, las lecciones no fueron aprendidas por los entes oficiales.