La multiplicación de los pobres: el milagro económico de Nicolás Maduro

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Al cabo de cinco años y ocho meses al frente de gobierno (abril de 2013-diciembre de 2018), y en medio de una incesante “guerra económica contra el pueblo”, el presidente Nicolás Maduro se congratula de sus “logros”: el Estado implementa políticas de protección del empleo, del salario y fortalece las políticas sociales agrupadas en un conjunto de misiones (alimentación y vivienda, fundamentalmente) para contrarrestar las acciones de “desestabilización de la economía” que ejecutan los “parásitos especuladores”, vale decir, empresarios e importadores privados, en cuyas manos están los monopolios y las corporaciones nacionales.

En agosto del año pasado fue un poco más lejos. Dijo que Venezuela se preparaba para vivir el “milagro económico”, luego del anuncio de una serie de medidas dirigidas a tapar el hueco fiscal y a recuperar el poder de compra de los venezolanos.
Y es que el presidente obrero no abandona su posición. Insiste en afirmar que la causa del desabastecimiento, la escasez y la hiperinflación más alta de la historia de América Latina no es atribuible al fracaso de las políticas implementadas desde el inicio de su Gobierno, ni al modelo económico que instauró Hugo Chávez en 1999. Tampoco pueden achacarle el empobrecimiento de los venezolanos, la decadencia de los servicios públicos, la postración del aparato productivo ni el desplome de la producción petrolera. Es decir, no son los controles de cambio ni de precios, ni las importaciones desmesuradas. Tampoco es consecuencia de las expropiaciones y la desinversión en el sector agroindustrial, ni del aumento del gasto en remuneraciones, bonos compensatorios y subsidios de alimentos, muy por encima de los ingresos fiscales, por ejemplo.
Son los dueños del capital, es decir, un ejército de “especuladores” (empresarios), los que han disparado las armas en esta “guerra económica y no convencional”, manipulando el tipo de cambio para inducir la inflaciónacaparando los bienes esenciales y alentando el bloqueo financiero internacional, han repetido Maduro y su equipo de gobierno.
Sin embargo, del otro lado, un batallón de especialistas en materia económica, gremios e instituciones ha tomado los resultados de sus propios análisis, pese a la opacidad de la información oficial, para condenar las políticas del Jefe de Estado.
Al cierre de 2018, este conjunto de voces enumeró las bajas de la guerra económica: 48 % de los hogares venezolanos se hundieron en la pobreza, un incremento de dos puntos porcentuales con respecto a 2017, de acuerdo con los resultados preliminares de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2018)una investigación conjunta de las universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar.
Medida por ingresos, la encuesta arrojó que 94 % de los hogares carecen de ingresos suficientes para acceder a los bienes mínimos necesarios para subsistir, lo que significó un crecimiento de 7 % en un año (La pobreza por ingresos se ubicó en 87 % en 2017).
El avance de los resultados de la Encovi también determinó que la deserción escolar en niños y jóvenes de entre 3 y 24 años creció 8 % entre 2014 y 2018. “Los principales factores que impiden la asistencia a clases son la falta de alimentos en los hogares o planteles, el colapso del sistema de transporte y las fallas en servicios públicos como el agua”, precisó el estudio.
¿Más bajas? La contracción de la economía al cierre de 2018 (Producto Interno Bruto) se estima en 15 %, devastada por una inflación que podría alcanzar 1.700.000 %, “más de quinientas veces la tasa registrada en 2017, que ya era exageradamente elevada (2.586 %)”, indicó el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), con base en estimaciones de la evolución de los precios internos registrados por la Asamblea Nacional.
En este contexto, la actividad agroindustrial tampoco salió victoriosa: el sector agropecuario alcanzó a cubrir solo 20 % del consumo nacional de alimentos; es decir, únicamente satisfizo la demanda de 2 de cada 10 venezolanos, señaló la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro). Y del parque industrial del país solo quedaron en pie 20 % de las empresas; de ellas, 45 % trabaja por debajo del 20 % de su capacidad instalada, reveló la Confederación Venezolana de Industriales(Conindustria).
“Las medidas que provocaron esta destrucción han sido muchas, pero siendo drásticos en el resumen puede decirse que el intento obcecado de impulsar la transformación socialista o, mejor, comunista de la economía y del régimen político del país, ha conducido forzosamente a destruir las capacidades productivas del sector privado. El resto lo pusieron la cleptocracia sin control y el intento de internacionalizar la revolución, cosa que acentuó exponencialmente el derroche de la riqueza petrolera y forzó al endeudamiento externo masivo en condiciones neocoloniales”, sostuvo Héctor Valecilloseconomista, historiador y profesor titular de la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Estremecidos por la magnitud de la crisis socioeconómica, que ya asomaba su rostro en diciembre de 2012, cuando el presidente Hugo Chávez se despidió del cargo, en El Pitazo echamos la vista atrás para recordar algunos de los eventos más importantes de la gestión económica de Nicolás Maduro, que han marcado la economía venezolana.
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Aumento del salario mínimo: sal y agua

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Desde su llegada a Miraflores en 2013, Nicolás Maduro ha decretado 25 incrementos salariales. El primer aumento del salario mínimo fue en mayo de 2013: el monto subió a 2.457,02 bolívares. El último, en diciembre de 2018, llegó a 4.500 bolívares soberanos.

Pero el incremento más significativo ocurrió en septiembre de 2018, cuando elevó 60 veces el monto del salario mínimo, al pasar de 3.000.000 bolívares (fijado en junio) a 180.000.000 bolívares, equivalente a 1.800 bolívares soberanos.
Sin embargo, la voracidad de la inflación ha destruído el valor real del salario mínimo en 98 % en los últimos cinco años, reveló el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (IIES Ucab).
En dos platos: la inflación pulverizó la capacidad de compra del salario mínimo, pese a los frecuentes aumentos nominales realizados por el Gobierno de Maduro. Y para muestra, un botón: una familia necesitaba 27 salarios mínimos para cubrir la canasta alimentaria familiar en noviembre del año pasado.
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Alza del precio de la gasolina: a la espera del final

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En 2016, Nicolás Maduro aumentó el precio del litro de gasolina, cuyo valor se mantuvo inamovible por 20 años. Desde entonces, los venezolanos pagan 1 bolívar por un litro de gasolina de 91 octanos y 6 bolívares por la de 95 octanos. El incremento representó un alza de 1.328,57 % y 6.085,56 %, respectivamente. “Vamos a cobrarla porque estábamos pagando por echarla”, precisó aquel año.

En apuros por el tamaño del déficit fiscal (consultoras privadas estiman el déficit público en 19 % del PIB), Maduro informó en agosto de 2018 sobre un nuevo incremento del precio de la gasolina, en esta oportunidad, “a niveles internacionales”.
Anunció un subsidio directo que solo alcanzaría a los propietarios de los vehículos que participaran en un  gran censo nacional automotor, a través del carnet de la patria, y prometió que el nuevo sistema de precios, del que nunca ofreció detalles, permitiría poner fin al contrabando que protagonizaban «las lacras colombianas«.
Para el cobro del combustible mediante el carnet de la patria, el Gobierno se valió de un dispositivo biométrico que importó de China  y que colocó en período de prueba en los estados fronterizos. Dificultades para conectarse a Internet a través de algunos de estos dispositivos del sistema biopago marcaron su debut.
Desde el 3 de agosto, cuando se inició el censo de transportistas, la fecha para su finalización ha sido extendida una y otra vez. Las últimas cifras que se conocen apuntan a más de 3.000.000 de vehículos registrados.
¿Y qué se sabe de los nuevos precios de la gasolina y del subsidio directo? Nada de nada. «La próxima semana estoy estimando el plan de los nuevos precios de la gasolina, y del subsidio directo a todos los venezolanos con el tema de los combustibles”, dijo Nicolás Maduro el pasado 11 de octubre.
Sin embargo, a falta de monedas para el vuelto tras la reciente reconversión monetaria, los conductores deben desembolsar al bombero de las estaciones de servicio casi el triple del valor oficial del litro de combustible. Y se trata de un dinero que, al final, no va a parar a la bomba y mucho menos a las arcas del Estado.
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Y llegaron los Clap

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Venezuela soportaba en 2016 una crisis alimentaria en la que el hambre campeaba. Fue también el año del nacimiento de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), iniciativa que tiene como objetivo distribuir cajas o bolsas de productos de primera necesidad, a través de los consejos comunales.

“Anótenlo, comienza una revolución económica en el sistema de distribución de alimentos del pueblo venezolano, por la vía del socialismo”, expresó Nicolás Maduro el 3 de abril de aquel año.
Asolados por la inflación, los hogares en situación de pobreza crecieron y, con ellos, una mayor dependencia hacia los programas de asistencia alimentaria impulsados por el Gobierno, entre los que destacan los Clap, arrojaron los resultados preliminares de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2018).
“La misión que prevalece sigue siendo la de asistencia alimentaria, pues 80 % de esta muestra recibe bolsas o cajas Clap. Esto equivale a 16,3 millones de personas, 3,7 millones más que en 2017. Además, en casi 90 % de los hogares a los que llega este beneficio hay algún miembro con el carnet de la patria”, registró la Encovi.
El coordinador nacional de los Clap, Freddy Bernal, dijo que constituyen “una de las herramientas estratégicas del Estado para combatir la guerra económica, que afecta el acceso del pueblo a los artículos de la cesta básica”.
La venta de las cajas Clap ha sido cuestionada, al develarse la trama diseñada para ocultar los beneficios de un conjunto de intermediarios del Gobierno de Nicolás Maduro, que convirtieron una necesidad en una oportunidad de negocio.
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El petro, la criptomoneda venezolana que no despega

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“¡Empieza una nueva etapa del petro!, afirmó el 1º de octubre de 2018 el presidente Nicolás Maduro, apenas seis meses después de su lanzamiento, y en medio de un mar de dudas sobre la viabilidad de este criptomoneda con la que su Gobierno busca eludir sanciones financieras de Estados Unidos.

Maduro firmó una nueva “hoja de ruta” de la criptomoneda, con cambios en su funcionamiento y emisión y los recursos que la respaldan. Tanto el salario mínimo como las pensiones están “anclados” al petro, con el propósito de “darle estabilidad al poder adquisitivo del pueblo”.
La criptomoneda también servirá, afirmó Maduro, para realizar una serie de transacciones, entre ellas adquirir certificados de ahorro en petros, comprar y vender inmuebles para, de esta manera, poner fin a su venta “ilegal” en dólares, pagar hoteles adquirir pasajes internacionales de avión, entre otras.
Esta moneda digital puede adquirirse en divisas u otros criptoactivos como bitcoin y ethereum, y su compra en bolívares soberanos está habilitada desde el pasado 5 de noviembre. Sin embargo, a más de un mes de iniciada su venta a través de la página web  www.petro.gob.ve y en la Superintendencia Nacional de los Criptoactivos y Actividades Conexas (Sunacrip), la criptomoneda venezolana aún no puede ser canjeada por nada. Solo puede transferirse entre los usuarios registrados en su página web, reseñó el portal Efecto Cocuyo.
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La hiperinflación ha descapitalizado a los pequeños comerciantes, provocando cierre masivo de locales comerciales | Foto: Hirsaid Gómez.

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Anaqueles vacíos: del Dakazo a los precios acordados

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En noviembre de 2013, el Gobierno de Nicolás Maduro inició “una ofensiva económica” para “frenar la especulación, contener la inflación y equilibrar el abastecimiento”. El caso más sonado fue la rebaja forzada de los precios de los electrodomésticos de la red de tiendas Daka, mejor conocido como el Dakazo.

“He ordenado la ocupación de esa red de tiendas y sacar los productos a la venta a precio justo; que no quede nada en los anaqueles; que no quede nada en los almacenes”, indicó.

La inflación trepó ese año a 56 % y, desde entonces es combatida por un batallón de fiscales, entre militares y civiles, que, tras su paso por los establecimientos, deja los anaqueles vacíos y las quejas del gremio afectado.

Es una de las armas más utilizadas por Maduro para hacer frente a la guerra económica, junto a lo que hoy denomina los “precios acordados”.

El diputado Rafael Guzmán insistió en que el BCV es «cómplice» en la inflación que afecta actualmente al país con incrementos diarios del 3 % y que según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) finalizará el 2018 en 2.500.000 % | Foto: archivo referencial

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Dicom: el enésimo cambio de reglas del control cambiario

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Las reglas para la compra y venta de divisas fueron modificadas por última vez en septiembre de 2018. La disposición, publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria 6.405 del Convenio Cambiario Número 1, de fecha 7 de septiembre, llevó a muchos venezolanos a creer en el final de 15 años de control cambiario.

“Nada más lejos de la realidad”, escribió entonces Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, en su cuenta de Twitter.
El ministro de Economía y Finanzas, Simón Zerpa, anunció que el propósito de la resolución era “restablecer la libre convertibilidad de la moneda en todo el territorio nacional”. Sin embargo, en la práctica se limita el monto a comprar y vender.
En otras palabras, el Convenio no permite la libre compra-venta de divisas entre las partes, ya que solo prevé la posibilidad de realizar subastas o posturas a través de operadores cambiarios autorizados. Es, sin embargo, un avance, refieren algunos especialistas.
Las advertencias de penalización a quienes compran y venden dólares al margen del mercado oficial también arrojaron dudas sobre el fin del control cambiario.
El presidente Nicolás Maduro no se ha cansado durante su mandato de modificar las reglas de juego del sistema cambiario para ofertar divisas, en un intento (fallido) por impulsar la economía: el Sistema Complementario de Administración de Divisas I (Sicad 1) y el Sistema Complementario de Administración de Divisas II (Sicad 2), el Sistema Marginal de Divisas (Simadi), las Divisas Protegidas (Dipro) y las Divisas Complementarias (Dicom) son ejemplos de la constante transformación del control de cambio impuesto en febrero de 2003 por el entonces presidente Hugo Chávez.
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Producción petrolera: en caída libre

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La producción petrolera del país se ha venido al suelo en los últimos tres años, lo que ha mermado la disponibilidad de divisas.

El Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello indicó en su Informe de Coyuntura más reciente que, de un nivel de producción de 3,254 millones de barriles diarios en 2008 se ha pasado a 1,090 millones de barriles diarios en el cuarto trimestre de 2018.

“Es decir, el nivel de producción hoy representa el 33,5 % del que se registró hace 10 años, debiendo destacarse que el 77 % de la contracción se ha producido en los últimos tres años”, subrayó el estudio.

Los problemas se han agravado por la ausencia de un plan viable para rescatar a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) de una deuda aplastante, el éxodo de buena parte de sus trabajadores y una producción menguante, “que ha bajado a su menor nivel en casi siete décadas”, señaló Reuters, tras constatar, además, que el presidente de la petrolera estatal, Manuel Quevedo, ha colocado a más de 100 asistentes y asesores provenientes del mundo militar sin experiencia en el sector en todas las facetas del negocio petrolero..

Hiperinflación
| Foto: archivo

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Nueva reconversión monetaria

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El Gobierno de Nicolás Maduro puso en circulación en agosto de 2018 el bolívar soberano, luego de restarle cinco ceros al bolívar fuerte, en un intento por detener la pérdida de la capacidad de compra de la moneda local, golpeada por una hiperinflación que duplicaba los precios de los bienes y servicios cada mes.

La nueva reconversión monetaria introdujo un nuevo cono monetario de billetes de 2, 5, 20, 50, 100, 200 y 500 bolívares, complementados con monedas de 1 y 0,50 bolívares.

Si bien la medida está dirigida a facilitar las transacciones diarias y frenar el uso de carretillas de billetes para cancelar la compra en cualquier establecimiento, la voraz inflación que destruye la capacidad de compra hace pensar a los especialistas en la necesidad de volver a restarle ceros adicionales a la nueva moneda en el corto plazo.
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