Audio | Maestros venezolanos: los superhéroes de las nuevas generaciones

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adecuar el calendario escolar al cronograma de actividades, dictado por el Consejo Nacional Electoral”.Foto cortesía @ViceVenezuela

| Foto cortesía @ViceVenezuela

Caracas.- El 15 de enero de 2019 recibe a los docentes venezolanos como en 1932: luchando por la defensa de sus derechos laborales y por una mejor educación para los ciudadanos. Desde que se inició el año, los maestros en todo el país se lanzaron a las calles a pedir respeto por su contrato colectivo y mejores condiciones de trabajo, y aunque su reclamo viene desde agosto de 2018, aún no han sido escuchados.
La falta de meritocracia, los ajustes salariales insuficientes, el irrespeto a las cláusulas contractuales y la carencia en la planificación del diseño curricular hacen que este Día del Maestro sean pocos los motivos del magisterio para celebrar. A esto se suma una deserción de docentes que ronda el 40 %, de acuerdo con datos de la ONG fundación Redes, en su último informe sobre el tema educativo, publicado en agosto de 2018.

Sin embargo, la resiliencia, el ímpetu y la vocación se manifiestan en este gremio como en pocos. Los docentes venezolanos, en la mayoría de los casos, anteponen su vocación a los 4.200 bolívares que ganan quincenalmente por su labor de formar a las nuevas generaciones. En este especial para celebrar a los maestros, cuyo súper poder es el conocimiento y las ganas de servir, se muestran seis historias de docentes que recordarán que la enseñanza implica “un toque especial”.
| Foto: Ronald E. Peña

Nelly García, 47 años de servicio: “Para ser maestro se necesita tener ese toquecito especial”

Génesis Carrero Soto
Describe su profesión con lágrimas en los ojos, pero no solo por la emoción que le genera ver cómo es posible “moldear” a un niño, sino por la tristeza que le da ver un oficio como el de la docencia “tan venido a menos”. En sus 47 años de servicio como maestra, Nelly García se ha hecho una coraza para seguir en la profesión, “pese a todo”.
Para ella, ser maestra es una profesión que equivale a la de los curas, pues la vocación debe ser “absoluta” para entregarse a algo en donde la recompensa “es tan injusta”. Con un lapicero en la mano que no suelta mientras habla de su servicio ininterrumpido en la docencia, Nelly refiere que “el que entra a una escuela no es por economía… Algo tiene dentro, porque para ser maestro se necesita tener ese toquecito especial” y diferencia a los docentes de antes de los de hoy día por la “mística” que tenían otrora y el desapego actual.

“Hay gente con mucha mística, que tienen dos y cinco meses sin cobrar y vienen todos los días y se entregan a sus muchachitos en la medida en que ellos lo necesitan” 

Sin embargo, justifica esa actitud de las nuevas generaciones en la falta de valores que hoy inunda a las familias venezolanas. “Antes le tocaba al maestro darle forma al niño, porque venía con el valor de la casa, pero hoy en día en la mayoría de los hogares los valores se manejan con una diversidad de criterios… Hay quienes creen que robar es un trabajo”, cuestiona.
Desde su experiencia formando a niños de los primeros grados y ayudando a docentes en proceso de profesionalización desde hace 33 años en la UE Lino de Clemente (Baruta), considera que “no es justo juzgar a nadie, porque los padres la tienen difícil, y los maestros también”. “La misma voracidad social ha hecho que el docente caiga en ese letargo de que primero yo y segundo yo… Sin embargo, hay gente con mucha mística, que tienen dos y cinco meses sin cobrar y vienen todos los días y se entregan a sus muchachitos en la medida en que ellos lo necesitan”, explica.
Ella le recuerda a sus colegas que al enseñar, “la satisfacción es más espiritual que monetaria”, y que el balance para ser feliz está en aprender, “en aprender siempre de los niños”.

| Foto Ronald E. Peña

Wendy Rivas, cinco años de servicio: “Ser docente es estar en el sitio indicado cuando te necesitan”

María Jesús Vallejo
Wendy Rivas, maestra de segundo grado con 25 años de edad, sabe que la educación es la base de la sociedad. Es egresada de la Universidad Católica Andrés Bello y hace cinco años cambió su rol de alumna a docente. Tiene clara su vocación y la importancia de su labor: “Ser docente es ser luz en la oscuridad.  Es estar en el sitio indicado cuando te necesitan. Tú eres odontólogo, eres médico, eres psicólogo, eres de todo un poquito”.
Considera que uno de los mayores retos de los maestros venezolanos es seguir ofreciendo una educación de calidad con todas las condiciones en contra: aumento de la pobreza y, por tanto, aumento del abandono escolar; la incapacidad económica para comprar materiales, útiles y uniformes escolares; la renuncia de maestros, de la cual se desconocen las cifras, y fallas con servicios como agua y transporte que ocasionan, muchas veces, el ausentismo.

“El rol del docente es muy amplio porque, aparte de impartir conocimientos, impartes valores, intentas que ellos sean unos niños que tengan un sentido crítico para la vida y que desarrollen habilidades físicas”.

Wendy debe enfrentarse, además, a la ansiedad y el miedo que sienten sus niños, sobre todo en períodos de conflictividad. Durante las protestas que sucedieron entre abril y julio de 2017 vio llorar a muchos de sus alumnos porque no sabían, por ejemplo, si podrían llegar a casa luego del colegio. Aunque los padres intentan mantener a sus hijos alejados de la conflictividad, según Wendy, ellos saben más de lo que los adultos piensan.
Pese a todo, ella asume el compromiso que supone su profesión: “El rol del docente es muy amplio porque ellos [los niños] están entre siete y ocho horas contigo y tú, en ese tiempo, aparte de impartir conocimientos, impartes valores; intentas que ellos sean unos niños que tengan un sentido crítico para la vida y que desarrollen habilidades físicas”.
Mientras pueda, Wendy seguirá formándose y trabajando para mejorar el sistema educativo venezolano.

| Foto Ronald E. Peña

Madeleine Gutiérrez, 25 años de servicio: “Hay que hacer maromas para darles a los niños la educación que merecen”

Génesis Carrero Soto
Madeleine Gutiérrez tiene 25 años de ejercicio profesional como docente de aula, pero no teme a los nuevos retos. Hace apenas dos años asumió la labor de integrar a un niño con autismo a una escuela básica común y, con éxito, logró que el pequeño se hiciera parte de su clase de primer grado y avanzara a segundo compartiendo y viendo clases con el resto del salón.
Ella califica este logro como uno de los más importantes de su carrera, y los 19 años en instituciones públicas y nueve en privadas que acumula en su historial le permiten decir que es en estos tiempos cuando los maestros deben comprometerse a “dar a los niños ese amor que no tienen en casa, a educarlos para las dificultades y hacer maromas e inventar cualquier cosa para darles esa educación que merecen; para sacar a los muchachos adelante”.

“Me mantienen aquí los niños, porque muchas veces en su casa no reciben cariño; sus padres se la pasan trabajando o no tienen comida. La escuela, hoy más que nunca, debe ser ese lugar en donde los niños se encuentren de verdad”.

“Me mantienen aquí los niños, porque muchas veces en su casa no reciben cariño. Sus padres se la pasan trabajando o no tienen comida; entonces la escuela, hoy más que nunca, debe ser ese lugar en donde los niños se encuentren de verdad”, dice la maestra Madeleine.
Para ella, lo más increíble de su profesión es ver cómo los niños “se amoldan poco a poco, se forman y aprenden. Esa es una satisfacción indescriptible”. Esa sensación es la que la ayuda a mantenerse en el magisterio, pese a la crisis que atraviesa el país, pues su sueldo como docente de la Unidad Educativa Parque Los Caobos no es suficiente para mantener a su familia.
La maestra gana unos 4.300 bolívares mensuales y puede sostenerse gracias a su esposo, que contribuye con los gastos de la casa y de su hija. A diario atraviesa la ciudad en metro o camioneta desde El Valle hasta La Candelaria para dar clases a sus niños y brindarles todo ese amor que necesitan. “Ese es mi mayor compromiso”, dice.

| Foto: Ronald E. Peña

Fran López, 12 años de servicio: “¿Por qué no puedo tener la misma calidad de vida que el ingeniero que yo formé?”

María Jesús Vallejo
A Fran López le molesta cuando algún colega dice que trabaja por vocación, porque siente que se subestima la profesión de los docentes. Ya pasaron 12 años desde que comenzó a enseñar; es egresado del Instituto Pedagógico de Caracas en Educación Especial en Retardo Mental. Asegura que ama su oficio; de no ser así, no le dedicaría tanto y, justamente por eso, exige mejoras.
“Nosotros los docentes somos los que formamos, ¿verdad? Entonces, si yo formo a un ingeniero, si yo formo a un médico, si ese ingeniero y ese médico tienen la opción de tener una buena vida, ¿por qué no la puedo tener yo, que fui quien los formó? O sea, ¿qué diferencia hay entre el ingeniero y el médico que yo formé?”, cuestiona.

“Nosotros los docentes somos los que formamos. Entonces, si yo formo a un ingeniero, si yo formo a un médico, si ese ingeniero y ese médico tienen la opción de tener una buena vida, ¿por qué no la puedo tener yo que fui quien los formó?”.

Siente que el gremio se conforma con poco bajo la excusa de que lo que importa es el amor por la enseñanza: “Trabajar por vocación suena a que te tienes que morir de hambre”. Uno de los retos que supone la realidad de los maestros es cambiar la concepción que se tiene de la docencia, aprender a exigir derechos laborales y darle valor a la tarea de formar a los ciudadanos del futuro.
Desde muy temprana edad, soñó con ser maestro; ahora, agradece la oportunidad de serlo. La educación especial es el área que más le interesa y en la que cree que hay que avanzar más. Le preocupa que no se atienda a quienes tienen capacidades diferentes como lo son los niños y adolescentes con retardo mental y considera que ha luchado, como maestro y como ciudadano, por tener una sociedad más inclusiva y respetuosa: “Siempre que yo tenga mis sentidos completos y pueda ayudar en algo para que ellos logren ser aceptados socialmente, estaré allí”.

| Foto: Ronald E. Peña

Margarita Lugo, 25 años de servicio: “Uno celebra servir para formar hombres de bien”

Génesis Carrero Soto
Al verla es fácil pensar que se trata de una persona de duro carácter, pero la verdad es que cuando habla de sus alumnos se conmueve al punto que le brillan los ojos. La profesora Margarita Lugo celebra cada vez que se topa en las calles de Petare con un hombre o una mujer que la reconocen y le recuerdan que fueron sus estudiantes y que a ella le deben ser “hombres de bien”.
A los 23 años de servicio la jubilaron de la docencia en la Alcaldía del municipio Sucre, pero negada a dejar su profesión, desde hace dos ejerce la docencia en tercer año como coordinadora y profesora en la Unidad Educativa Luis Beltrán Prieto Figueroa, una de las instituciones más grandes y con mayor matrícula del municipio Sucre del estado Miranda.

“Para ver frutos en esta profesión debe gustarte, tomar esta profesión creyendo que te harás millonario es mentira. Ser maestro no es nada fácil; te tiene que gustar lo que haces para que puedas sentirte a gusto con lo que estás haciendo”  

La profe Margarita sabe que no todo es bello en el camino que eligió. “Para ver frutos en esta profesión debe gustarte; tomar esta profesión creyendo que vas a percibir una cantidad de dinero o que te harás millonario es mentira. Ser maestro no es nada fácil; te tiene que gustar lo que haces para que puedas sentirte a gusto con lo que estás haciendo”, asegura.
Ella, como todos los venezolanos, incluidos sus alumnos, sufre la crisis de los servicios públicos, que dificulta su tarea diaria. Sin embargo, refiere que aunque la situación está difícil trata de no faltar: “Siempre vengo a mi trabajo”. Asegura que la época que vivimos la hizo “más blandita” y ahora tiene concesiones con sus estudiantes y les permite llegar un poco más tarde, usar ropa que no es del uniforme y hasta salir más temprano.
Para la profe, la formación es la respuesta a los problemas del país y, al trabajar en una institución en la que dictan desde primer nivel hasta quinto año de bachillerato le ha tocado ver “paso a paso” cómo cambia el estudiante. Aunque recrimina que “los muchachos y los mismos representantes ya no respetan como antes”, asegura que siempre hay maneras de mediar y que es un gran logro ayudar a sus alumnos a resolver los problemas que tienen en la escuela y en la vida.

| Foto: Ronald E. Peña

Bienvenido Machado, 10 años de servicio: “El gran reto es mantener a los chamos motivados”

María Jesús Vallejo
Tiene 10 de sus 30 años enseñando electrónica en el oeste de la ciudad. Lo que comenzó como una actividad extra para llenar el espacio libre que le dejaba la universidad, se convirtió en su vocación. Hace una década, el reto era controlar grupos numerosos, ahora, es captar estudiantes: “El reto es apelar por la vocación de los muchachos. Es retador tener la creatividad para motivar a los jóvenes. El gran reto es mantener a los chamos motivados”.
Para eso, Bienvenido cambia la norma y sustituye los exámenes de papel y lápiz por componentes y trabajo en equipo. Cuenta medio en broma que para los jóvenes crear algo, encenderlo y ver que no explota es un logro y motiva más que una calificación de 20 sobre 20 en una prueba escrita. El sistema educativo venezolano lo obliga a ser creativo; la ventaja, cuenta, es que la tecnología, área que maneja, le permite tener cercanía con sus estudiantes y despertar el interés genuino por ir a las clases.

“Estar trabajando acá es poner mi granito de arena, porque lo único que puede sacar un país adelante es que su gente se forme, porque si no tenemos gente capaz, formada y de bien, es imposible que esto salga adelante”.

Su objetivo es lograr que las ganas de crear y aprender superen las expectativas que tienen los estudiantes de terminar el bachillerato para emigrar. En medio de la incertidumbre y la desesperanza que embarga a los jóvenes venezolanos, él insiste desde las aulas.
Ser docente es su forma de aportar a la sociedad: “Estar trabajando acá es poner mi granito de arena, porque lo único que puede sacar un país adelante, lo único que puede lograr que surja, es que su gente se forme, porque si no tenemos gente capaz, formada y de bien, es imposible que esto salga adelante”.