CRÓNICAS MIGRATORIAS | Sangre en el diván, metáfora de país

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POLÍTICA ¡Y se fue el año! Pasaron los días, los meses y 2018 se vio marcado de un acontecimiento a otro, no logró pasar como un año común. No existieron efemérides que lograsen elevar al espíritu del venezolano a algo parecido a la alegría, mucho menos la calma. Sin embargo, necesariamente estamos más cerca del final.
Gracias al hecho de vivir fuera del país y lejos de las grandes concentraciones de la diáspora, no es frecuente que obras importantes como Sangre en el diván se presenten en París. Pero sí en Madrid, donde no importa qué día uno caiga por allí, algo importante está presentando el venezolano.
Sube el telón: aparece un Mago, un productor y diseñador de la talla de Manuel González, el mago de los afiches de teatro y del cine nacional, hombre productor de sueños en el mundo del arte, llevó a las tablas del teatro madrileño Sangre en el diván. Lo más cercano a algo entre Caracas y París, el teatro Fígaro, no será el legendario periódico francés, pero lleva su nombre.
Baja el telón, sube el telón: Un megalómano, narciso, mitómano, mentiroso, tramposo, en fin, un tipo no sólo dañino sino básicamente un loco con poder. Ciertamente, un gran parecido al Comandante Eterno del cual él fuera su psiquiatra. Esto no podía traer nada bueno.

Ibéyise a la letra

La descripción que ha dejado tallada en letras la periodista Ibéyise Pacheco es llevada a las artes escénicas de la mano de un señor como Héctor Manrique, comprometido con la situación del país. Por ello, la excelencia en la adaptación de la obra y su monstruosa interpretación en el teatro. Monstruoso por el desdoblamiento del actor como el psiquiatra Chirinos y justamente por ello, convertirse en quien fue Edmundo Chirinos. ¡Por Tukakis! ¿cómo nos pasó esto? Si tan sólo hubiésemos comprendido que un país estaba siendo asaltado por la locura: un médico psicópata y su paciente, el verdugo de la democracia, Hugo Rafael.
Ya Chirinos en el año 1988 fue candidato a la presidencia, coincidió con mi primer voto y, la verdad, con asco voté nulo. Recuerdo que en su campaña destacaba la imagen de una parejita agarrada de manos caminando de espaldas como hacia el futuro, más cursi ni con faralaos, y su slogan estimulando al voto era «Hazlo, pero con amor». Me van a perdonar, pero desde entonces al escuchar Edmundo Chirinos una voz en mi interior gritaba: «¿cómo es posible?»

«Ya para ese entonces teníamos que predecir que la cosa no iba por buen camino, de hecho comenzaría la destrucción de los caminos bien hechos. Mucha tortura, muchos muertos, mucha sangre fuera del diván costó al país conquistar la democracia.»

Para aquel entonces, Fidel Castro visita a Betancourt y éste lo recibe con una frase: «no han debido presentarse armados a Maiquetía”. Porque Betancourt adeco y demócrata fue enemigo de Fulgencio Batista, no por ello «amigo» de Fidel, cuanta claridad había en aquellos dirigentes. Castro llegó con la plana mayor del Movimiento 26 de Julio, entre otros, Raúl Castro, el Che Guevara, y Camilo Cienfuegos. Con el atrevimiento de la juventud y la maldad del castrismo, veían a Venezuela como lobo que mira rebaño pastando.
¿Cómo y cuándo se nos infiltra esta gente en el país ? Pues el rechazo de Betancourt llevaría a Fidel a tener como obsesión el secuestro del país más rico del continente. La primera y más importante de todas las metas ha sido cumplida: la destrucción de la democracia, pero la segunda, si la revertimos, podemos recuperar el país, porque ellos necesitan dividir, confundir y ponernos a pelear unos contra otros.
Sólo nos queda recordar cada paso mal dado, asumir que Chávez como error histórico no llegó solo, fue el resultado de muchas equivocaciones previas, de malas decisiones, de seres como Chirinos ocupando puestos de poder, tanto políticos como académicos, de silencios cómplices, no solamente del voto de Mimí Lazo. Recordemos también que en el inicio de la pesadilla un 30 % de la población creyó en una revolución que cambiaría problemas pertenecientes a los 40 años de democracia, maltrecha, pero se vivía con separación de poderes y en libertad, no hablemos ya del progreso del país porque lloramos a grito pela’o.
Lo más grande de la hora y media que un espectador se instala en la butaca del teatro no es la magnífica interpretación de un psicópata sino el paseo que da Chirinos por el paisaje histórico y político de un país, se puede decir que nos cae la locha. Venezuela tenía como infiltrado, casi enquistado, el germen de un villano de novela negra. Se fue comiendo la democracia desde su vientre. Ahora, vacíos de contenido, nos toca dejarnos de pendejadas y concentrarnos en lo importante, unirnos fuera y dentro, en todo el globo terráqueo.
Debemos dedicar los minutos diarios después de la plegaria a derribar un régimen con pies de barro embarrado de lo otro, una gente que no se sostiene ya con petróleo sino con la confusión de los venezolanos. No importa el que fue chavista, no interesa sino hacer justicia con los que robaron, no con los que votaron, dejarse de odios y asumir que el camino a la libertad se libra entre todos y escuchar, llevarnos como un mantra las palabras de Héctor Manrique al final de la obra: cuidado con el silencio, un cómplice que asesina democracias…

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