OPINIÓN | Carta a los Súper Supermaestros

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 Queridos compañeros de camino:

Sí, lo sé, hoy cualquier trabajo en Venezuela supone participar en una “carrera de obstáculos”, no sólo cualquier trabajo, cualquier tarea: hacer una diligencia, comprar unas frutas para la merienda de un hijo, conseguir una medicina simple –un desparasitante, por ejemplo – hasta echar gasolina para un carro, -en un país petrolero- puede ser una “misión imposible”. ¡Todo supone saltar decenas de obstáculos! Y claro, si además tienes 30 0 35 niños y niñas bajo tu responsabilidad, los obstáculos se multiplican. Lo sé.

Precisamente por lo anterior es que cada vez que voy a una escuela y veo, todavía, compañeros perseverando en sus aulas, en los pasillos, abrazando chamos, hablando con adolescentes “camisa azul”, rezando el Padrenuestro con los niños, saludando, llegando apurados porque para los maestros tampoco hay transporte colectivo de calidad, o tampoco hay el efectivo para cada día… cuando recupero esas escenas, me digo, “Son superhéroes, son un súper supermaestros”, no es solo una manera de agradarles, es lo que pienso. Y doy gracias a Dios por esa perseverancia en medio de los dramas que estamos viviendo.

Hace un par de meses, por ejemplo, estuve en una escuela de Fe y Alegría en el Táchira. La directora me mostraba un cerrito, bien lejos, y me decía: “Ahí viven dos profesores del colegio. Como no hay transporte ahora, caminan casi hora y media para llegar aquí, y llegan” ¡Me quedé admirada! También estuve en una escuela del estado, dando un taller a madres, y el director me comentó que desde mayo no tenían electricidad – por robo de los cables – y él, previa acta y permiso, tenía el refrigerador de la escuela en su casa para que pudieran seguir teniendo el programa alimentario los niños. ¡No tenía palabras!

De todas las zonas del país nos llegan historias de educadores que caminan más de una hora para llegar al centro educativo. Recuerdo unos casos del Zulia también, según los cuales los maestros habían pedido permiso para quedarse a dormir en la escuela para poder garantizar que llegarían al aula a tiempo. Lo recuerdo y sigo sin palabras.

Se de maestras en Guayana que los fines de semana se van a las minas a vender comida, para completar sus ingresos, pero no dejan sus escuelas. ¡Puros superhéroes, nuestros supermaestros!

“Son superhéroes también las maestras como Adriana, de una escuela de Barquisimeto, trabaja de lunes a lunes, no se pierde sábado para las actividades especiales – riega “flores de la esperanza”- y vuelve el lunes como si nada. ¡Ni una queja! Se anota con gusto. Su rostro sonriente lo certifica.”

Meto en este paquete de superhéroes a esos educadores que se anotan para acompañar a los estudiantes de los grupos juveniles, y les acompañan en los campamentos misión de Semana Santa, como la profesora Anyerlin, de La Vega, en Caracas.

Mención especial para los educadores que hoy son capaces de aceptar un cargo directivo: ¡Superhéroes al cuadrado! Eso va contigo Atilio, con Crisabel, Yaritza, Mariela, Yamilet y una larga lista de valientes! Resolviendo mil problemas, animando maestros para que no renuncien, buscando ayudas para cooperar con el transporte…

Otra mención especial para los maestros voluntarios que trabajan los fines de semana en los Centros de Orientación del Irfa, el programa para adultos que tiene Fe y Alegría, semipresencial. Son centenares. A veces reciben un bono para que puedan pagar transporte. Se de algunos que llevan más de 20 años y de otros que han comenzado hace poco. ¡Esos también son supermaestros!

Y así, he ido recuperando escenas  vistas e historias escuchadas, que se reproducen  en muchos centros educativos de los que conozco y de los que no conozco pero las imagino.

Sé que hay muchos que han decidido irse del país, les entiendo, y lo hacen con dolor, con lágrimas,  pero sé que muchos son los que siguen extendiendo aún más su mano. ¡Gracias por perseverar, por insistir!

Quiero recordarles lo importante que somos los educadores no sólo para los estudiantes, para sus familias también. Un abrazo de nosotros a una madre angustiada puede ser la diferencia del día  de esa madre. Y por supuesto, una felicitación de nosotros para esa pequeña que trazó unas líneas y dijo que eso era un dibujo de su maestra, será el motivo del crecimiento de la autoestima de la pequeña.

No podemos renunciar a  ejercer nuestro poder para que los estudiantes sean más personas, podemos ser la diferencia entre el éxito o fracaso de muchos de ellos en medio de esta pesadilla. Los supermaestros son luces de bengala en medio de este apagón. Es tiempo de mirar más allá y creer que esas semillas que tenemos en frente serán árboles mañana. “Educar es sembrar esperanza”, nos dice Pechín, compañero de siempre en Fe y Alegría. Este año el lema es Fe y Alegría: Presente. Nos atrevemos a ese lema, porque con superhéroes como los que tenemos la presencia es posible.

Que nos dejemos alimentar por las sonrisas de los niños, que nos dejemos interpelar por sus lágrimas también. ¡A Dios le pido! Me permito pedir también  a la Divina Pastora que nos acepte como hijos y nos acompañe para seguir saltando obstáculos. La tarea no está terminada.

Un abrazo,

Luisa, maestra a mucha honra.