OPINIÓN | Dolarización, convertibilidad y otros regímenes

118

ECONOMÍA La hiperinflación que atraviesa Venezuela y la crisis que se ha desatado en Argentina han vuelto a poner de relieve una confusión predominante[1] entre distintos regímenes monetarios. La dolarización no es lo mismo que la convertibilidad y lo que tuvo Argentina entre 1991 y 2002 es muy distinto a estas dos; más bien califica como un tipo de cambio con un ancla flexible.

La dolarización es la adopción de una moneda de aceptación universal y la renuncia a moneda y política monetaria nacionales. Dicho de otra forma más apropiada, este régimen implica atarle las manos a nuestra clase política en el ámbito monetario.

En los países dolarizados formalmente, los bancos centrales no tienen razón de ser, dado que han perdido sus funciones tradicionales: el monopolio de la emisión y ser prestamista de última instancia. No es necesario que gestionen reservas, dado que no hay tipo de cambio que administrar. En El Salvador, el banco central no tiene esta función y en Panamá no tienen banco central. Los bancos administran la reserva de manera descentralizada y esta sirve para atender la demanda de efectivo de sus clientes.[2]

La dolarización espontánea, muy difundida en América Latina y otros países en desarrollo con moneda propia, difiere de la dolarización formal porque la gente se ve obligada a utilizar dos monedas. En Venezuela y Argentina las personas podrán estar pensando en dólares, pero se ven obligados por ley a cobrar su sueldos en bolívares y pesos, respectivamente. Asimismo, mientras cobran en una moneda cuyo valor se licúa, se ven obligados a transar prácticamente todo en dólares.

La convertibilidad establece un tipo de cambio fijo entre la moneda local y la internacional. Aquí podemos percibir la primera diferencia importantísima entre la convertibilidad y la dolarización: en convertibilidad existen dos monedas: la local, en manos de la gente, y la internacional, en manos del banco central. Otra condición de este régimen es que el banco central debe mantener reservas en la moneda internacional (dólar o euros) o bonos de bajo riesgo denominados en esa moneda equivalentes al 100 % o máximo un 110 % de sus pasivos monetarios (notas, monedas y, si es permitido, depósitos).[3]

Pero sucede que en países con institucionalidad débil esto no se respeta. El Banco Central de la República Argentina (Bcra) sucumbió a la tentación de monetizar los déficits fiscales, violando las condiciones básicas de un régimen de convertibilidad. Prácticamente cada mes de la existencia de la “convertibilidad” (1991-2002), el Bcra intervino para limitar el efecto de los flujos entrantes y salientes de capitales sobre la oferta monetaria. Argentina se mantuvo lejos del 100 % mínimo requerido para calificar como un régimen de convertibilidad ortodoxo.[4]

El Bcra fue presionado para atender cada vez mayores necesidades de financiamiento del Gobierno, la gente empezó a desconfiar de que sus pesos fueran convertibles al tipo de cambio fijo y se desató la crisis de 2001-2002.[5] Esto no puede suceder en dolarización, porque los dólares están en manos de la gente. No hay conducto de contagio entre las finanzas públicas y aquellas del sistema financiero.

Ecuador resolvió de manera eficiente y duradera una crisis cambiaria que se convierte en una crisis financiera: dolarizando. Argentina y Venezuela deberían tomar nota.

[1] https://prodavinci.com/el-espejismo-de-la-dolarizacion/
[2] https://www.elcato.org/reservas-y-dolarizacion-en-ecuador y https://www.elcato.org/ecuador-para-que-tenemos-un-banco-central
[3] https://www.elcato.org/argentina-no-tuvo-una-junta-monetaria
[4] https://www.elcato.org/el-banco-de-argentina-se-involucro-en-la-esterilizacion-1991-2002 https://www.elcato.org/argentina-no-tuvo-una-junta-monetaria http://www.journallibertas.com/uploads/7/4/7/8/7478847/libertas.1.1_-_06.cachanosky_n.___ravier_a..pdf
[5] http://www.journallibertas.com/uploads/7/4/7/8/7478847/libertas.1.1_-_06.cachanosky_n.___ravier_a..pdf

¿Qué tan útil fue esta publicación?