OPINIÓN | La verdad Vs. Nicolás

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| Foto; @ceofanb

Foto: @ceofanb

Una foto de Nicolás Maduro, una franela roja, o alguna representación gráfica del mensaje “Chávez Vive” son algunos de los símbolos que encontramos constantemente en la Venezuela totalitaria. En buena medida pareciera que tener en la oficina o el hogar  alguno de estos símbolos, representa el más profundo compromiso con el marxismo caribeño y con quienes hoy usurpan el poder en nuestro país; sin embargo, hay más detrás de esto. Muchos de los portadores de estas imágenes realmente lo que quieren decir es “tengo miedo”, “quiero estar tranquilo” ó “quiero aspirar o mantener algún beneficio del sistema”. Mientras que para el grupo en el poder, ver a las personas con estas simbologías es simplemente un acuerdo de obediencia, es decir, quien está en el poder y ve a alguien con uno de estos símbolos ve la dominación consumada.
Los ciudadanos al colocar estos símbolos se hacen parte del sistema totalitario. Por tener algún tipo de seguridad, renuncian a su individualidad y se hacen parte del paisaje de mensajes que nadie lee, que pierden significado, pero que a su vez son la mejor muestra de la esclavitud voluntaria a la que te lleva el sistema. Es decir, cada uno se hace víctima y soporte de su propio sufrimiento.
No obstante, los símbolos no solo son gráficos: también están en el lenguaje y en las estructuras de pensamiento, en las formas de narrar las causas que nos traen acá. La manera más exacta de ejemplificar esto es en la economía. Cuando una persona culpa al panadero o al bodeguero de la inflación y no a quienes dirigen la política monetaria del país, cuando se habla de la especulación de empresarios y comerciantes en lugar de los controles de precios y de cambio, se es víctima y soporte del sistema.
Hoy existe en Venezuela una tendencia a alinearse; cada quien se hace parte de la censura. Muchos dicen que quieren un cambio pero que no pueden hacer nada porque son empleados públicos. En reuniones de amigos vociferan en contra del Gobierno pero con firmeza dejan de hablar de política cuando les toca recibir el Clap, el Dicom o algún contrato.
Hay una profunda crisis de identidad en estos venezolanos que hacen cosas que no quieren, pero al final les es más cómodo y más seguro dormir en el lecho de la vida inauténtica que asumir la libertad y la rebelión.
El empresario, el militante o el empleado público que decide quitar la foto de Nicolás, que toma la iniciativa de desmentir al sistema, que intenta quitar el velo de la mentira, por más pequeño que sea su impacto, sabe que le espera el desempleo, el aislamiento político o económico, la expropiación, la tortura o la cárcel, todo esto dependiendo de su nivel de influencia. Pero la pregunta que debemos hacernos es:
¿Por qué sucede esto?

Sucede porque el sistema está fundamentado en la mentira; su narrativa ideológica está basada en la falacia y no hay nada que sea más peligroso frente a esto que la verdad. Ahí está claro el por qué cerrar y controlar medios de comunicación es clave para el totalitarismo: si la verdad se difunde, si se explica lo que en realidad pasa, si se empieza a vivir en la autenticidad, el sistema se hará más débil y se desmoronará. Vivir en la verdad es el antídoto al totalitarismo.

Havel entendió todo esto muy bien y lo expresó en diversos ensayos, pero más importante es que lo materializó al liderar la revolución de terciopelo, que fue el movimiento que derrotó al comunismo en Checoslovaquia y posteriormente lideraría la transición hacia un modelo de democracia y de economía de mercado. Vivir en la verdad fue la fortaleza que le permitió sacudir los cimientos del sistema totalitario, que a pesar de los costos de cárcel  y persecución lograron abrir los ojos de los ciudadanos hasta desplazar al marxismo.
Hoy en Venezuela tenemos la más grande de las mentiras: Nicolás Maduro y la cúpula del poder dicen que hay un presidente constitucional y una Asamblea Nacional en desacato, cuando la verdad es que tenemos un usurpador en la Presidencia, que se juramenta luego de haber hecho un falso proceso electoral e intenta con slogans y con una narrativa falaz convencer al país y al mundo de que es realmente legítimo. Acá es cuando le toca a la sociedad tomar decisiones claves.
Nos toca asumir la vida en la verdad y, así como lo ha hecho el Grupo de Lima, desconocer a Nicolás Maduro, decir en cada espacio posible que ya no es Presidente, explicar que no hubo un proceso electoral transparente y enmarcado en la Constitución, por tanto, no hay primer mandatario y quien usurpa el Poder Ejecutivo del país lo hace a través de la violencia. Debemos señalar que el gran sostén del poder es la Fuerza Armada y presionar en las calles, en las redes sociales, en el plano internacional y en todos los espacios para que caiga la mentira y se abran las puertas de la democracia.
Vivir en la verdad tiene sus consecuencias; no significa necesariamente que de manera mágica el país va a cambiar y que en un par de días presenciaremos el final del sistema. Por el contrario, vienen sufrimientos, vienen sacrificios. Vivir en la verdad puede ser doloroso, pero hacerlo es hacer lo correcto, es devolver la esperanza a millones de personas, es abrir la posibilidad de que si logramos la suficiente fuerza y hacemos las cosas bien, Venezuela será libre y próspera…
¿Tendrá la Fanb la templanza suficiente para vivir en la verdad?
 
Jesús Armas: Caraqueño e ingeniero industrial. Ex-Concejal del Municipio Libertador (2013-2018). Miembro de Primero Justicia. Comprometido  con la libertad y la prosperidad de Venezuela.