OPINIÓN | Los mejores artículos de… Luisa Pernalete

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La profesora Luisa Pernalete demuestra en cada uno de sus escritos que la educación es una pieza central en la construcción de un país y que desatenderla es destruirnos como sociedad. Sin atisbo de ingenuidad, defiende a capa y espada la relevancia de la escuela y con gran pedagogía insiste en denunciar los males que afectan al sistema educativo venezolano. Presentamos sus mejores artículos de 2018:

1. OPINIÓN | Las notas ficticias del boletín escolar de Jesús

Jesús tiene 14 años. Estudia segundo año en un liceo en una comunidad en la vía a Duaca, al norte de Barquisimeto. Converso con él los domingos, mientras comparto algo para desayunar. Me trae su boletín del segundo lapso. “No estás tan mal. Tienes 15 en Biología”, le comento. Pero su respuesta me deja helada: “Bueno, en realidad no sé de dónde sacaron esa nota, porque no tuvimos profesor ni de Biología ni de Inglés en este lapso”, y por ahí siguió. Eso fue hace un mes.
Toda la educación venezolana está en emergencia. Ya es disco rayado; bueno, al menos para muchos de nosotros los educadores, aunque para algunas autoridades “todo está bien”, pero hay aspectos más dramáticos que otros. Esto de la ausencia de profesores, a veces temporal y a veces permanente, es muy grave, y si además se les coloca una nota ficticia, que ni los alumnos saben de dónde sale, es más grave, porque esconde el problema.
Sigo con las aulas sin profesores. Me estoy acordando de Samuel, de San Félix. Ya es bachiller, pero estaba consciente de que en cinco años no había tenido prácticamente clases de matemática. Es muy reflexivo y sabe que eso será un problema para la universidad. También le pusieron una nota ficticia en más de una materia. Lea más aquí

2. OPINIÓN | Jugar es una cosa seria

Hace muchos años, a esos centros educativos a los que hoy se les llama de Educación Inicial, eran conocidos como “Jardines de Infancia”,  y estaba muy bien puesto el nombre. Jardín de infancia me gusta seguirles diciendo, porque así deben ser: un jardín, con exquisitos aromas, muchos colores, muchas flores, abejitas llevando alimento de un lado al otro, atrayendo picaflores, sirviendo de espacio de juego para niños y niñas, y unos adultos cuidando de cerca que no se caigan, respondiendo sus preguntas… Así deben ser los centros de educación inicial, la entrada al sistema escolar, en una etapa muy importante, puesto que se absorbe como esponja todo o casi todo…
Oficialmente, se está celebrando la Semana de la Educación Inicial. Tal vez muchos no se acordarán, o ni lo sabrán, o pensarán que para qué hablar de esto en un país en donde casi nada parece estar en su santo lugar. En medio de inundaciones “normales”, sueldos con soberana devaluación y sin transporte —ni escolar ni de ningún tipo. Pues precisamente, por lo mal que está el país, hay que insistir en poner la vida, los derechos los niños y niñas, sobre la palestra, para que no se olviden.
Insistamos, por ejemplo, en la obligación por parte del Estado de universalizar esta etapa. O sea: todos sin excepción, deberían poder estudiar, poder inscribirse y recibir educación en una escuela o institución oficial de carácter gratuito y cercano a sus residencia, como reza la LOPNNA (Art. 53). Y ya empezamos mal. ¿Cuánto tiempo hace que usted y yo que no sabemos de centros educativos nuevos? ¿La Misión Vivienda se ha acordado de que tiene que hacer “jardines de infancia”? Hoy, con el tema del mal o inexistente transporte colectivo y la inseguridad, contar con un centro cercano a la residencia no es solo un derecho en las leyes vigentes, es una urgencia. Más bien, se han cerrado. Supimos con tristeza que solo en una cuadra de una urbanización del este de Barquisimeto, en agosto se cerraron seis centros de educación inicial. Lea más aquí

3. OPINIÓN | Cuento de Navidad: y el Niño nació en la escuela

El grupo de niños y niñas de  siempre estaba en el parque de la comunidad. Jugaban a “toqui toqui”, al “paralizado” y esos juegos así. Las niñas del primer grado aceptaban a los de segundo, siempre y cuando no empujaran. En eso, Victoria vio una pareja con cara de cansancio y dijo: “Deben venir de la cola para comprar harina. Con esa cara llega mi mamá también”.
Pero no venían de esa cola, venían del hospital de Guaiparo, de San Félix. La señora, muy bonita, estaba muy gorda, y Any, que sabe mucho porque su mamá es maestra, dijo que esa señora no estaba gorda por comer:
Yo creo que está embarazada, porque así se puso una vecina que tuvo un bebé”. Y de una vez salió Gastón, un morocho que es del Cardenales —como su papá–  dijo que él sabía cómo eran los niños recién nacidos: “Son chiquiticos. Y no pueden comer arepas como nosotros”. Lea más aquí

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