23 de enero: entre la lealtad que pide Maduro y las promesas de su gestión

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Maduro no solo les pidió lealtad, sino defender “la revolución” | Foto: Twitter @Mippcivzla

Caracas.- Lealtad y disciplina pidió una y otra vez Nicolás Maduro a los miembros de la Fuerza Armada Nacional (FAN) y a los militantes del oficialismo este 23 de enero, minutos después de que el presidente del Poder Legislativo, Juan Guaidó, se juramentara como presidente encargado de Venezuela.

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Tras llegar a la Plaza O´Leary, punto final de la movilización, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Diosdado Cabello, emplazó a los adeptos a dirigirse hasta el Palacio de Miraflores para dar un espaldarazo a Maduro por las supuestas amenazas que recibió de la oposición y del gobierno de Estados Unidos.
A muchos no les gustó el exhorto, sobre todo a los trabajadores de organismos públicos, y aprovecharon para retirarse de la concentración. Desde el mediodía ya comenzaban a alejarse del lugar, sin que nadie les llamara la atención.
“Ya mi jefe me vio, estoy cansada, así que me voy”, dijo una trabajadora del Ministerio de Ecosocialismo.
A otros les emocionó la orden de Cabello, así que comenzaron a caminar rápidamente hasta el palacio blanco para ver al gobernante. La última vez que habían tenido contacto con él fue el pasado 15 de enero, cuando se subordinó ante la Asamblea Nacional Constituyente.
“Esta es su casa”, dijo Maduro desde el balcón del pueblo, lugar que no visitaban sus afectos desde el proceso electoral del 20 de mayo, que fue desconocido por la oposición y la comunidad internacional.
Más que conmemorar los 61 años de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, los oficialistas exaltaban la necesidad de defender al gobernante “de las injerencias”.
Maduro no solo les pidió lealtad, sino defender “la revolución” y el segundo mandato que asumió el 10 de enero.
“Sí, mi presidente. Te vamos a defender”, gritaba Rosaura Flores, quien marchó desde la avenida Sucre de Catia y, aunque no desayunó, manifestaba su emoción porque “Maduro le estaba dando su merecido a Trump”.
Esa misma fidelidad la profesa Juan Larez. Sus zapatos están rotos y come dos veces al día, pero su fe hacia el proyecto socialista no le permite cruzar la línea y exigir calidad de vida a los gobernantes.
“Irme con la oposición sería traicionar a Chávez, y eso no está en mi mente. De repente algunas cosas no se han dado como esperábamos, pero tenemos que confiar. ¿Qué más vamos a hacer?”, le expresó a El Pitazo.
La promesa de contar con la bolsa de comida cada 15 días, tener agua y transporte, significa materia pendiente para Larez, que está desempleado, pero recibe los bonos que da Maduro.
Mayra Rodríguez defiende “como sea” al sucesor de Hugo Chávez. Cuando Cabello pidió este miércoles hacer vigilia en Miraflores para defender al gobernante, inmediatamente recordó cuando en abril de 2002 bajaba desde La Pastora hasta el palacio y daba arepas, café y pan a quienes esperaban a Chávez, luego de que fuese apresado por los militares.
“¿Pero ahora qué les voy a dar si no se consigue nada?”, se preguntaba a sí misma en voz alta.
Mientras Cabello expresaba desde la plaza O´Leary que no importaban las opiniones de la Unión Europea ni de Estados Unidos en torno a Venezuela, Rodríguez gritaba que la voz del pueblo era supra constitucional y debía respetarse.
Los milicianos no dejaban de aplaudir a Cabello, quien fue el último en ejercer derecho de palabra en la concentración. Aunque sus bolsos estaban deshilachados, llevaban todo el día de pie y los zapatos estaban despegados, fueron los primeros en correr para ver a Maduro, quien estuvo acompañado por su esposa, Cilia Flores; el vicepresidente del Área Económica, Tareck El Aissami; la alcaldesa de Libertador, Érika Farías; la vicepresidente de Venezuela, Delcy Rodríguez; el ministro de Comunicación, Jorge Rodríguez; y el presidente de la ANC, Diosdado Cabello.
Esos hombres, que usan uniforme caqui, tienen puesta su fe en que Maduro “atacará la guerra económica” este año, como lo ha prometido desde que llegó al poder en 2013.
“Llueve, truene o relampaguee, vamos a recuperar la economía. Este año vamos a gobernar bien”, decía el gobernante mientras recibía aplausos.
Se vieron las caras
Desde algún tiempo los chavistas y los opositores no se encontraban de frente en una marcha. La Plaza Brion de Chacaíto fue el punto más cercano al este de Caracas que dispuso el oficialismo para concentrarse; por allí, debían pasar los que disienten de Maduro para llegar a su actividad en la Plaza Juan Pablo II.
Antes del mediodía, había cierto grado de tolerancia entre ambas partes. La tarima del oficialismo se encontraba en la estatua de José Martí, y los opositores, que se reconocían porque llevaban indumentaria de color blanco, debían pasar por un camino muy estrecho que se había formado.
Luego, algunos oficialistas, que se identificaban como colectivos, intentaron atacar a opositores, pero funcionarios de la PNB impidieron que se generara un episodio violento.
“No quiero bono, no quiero Clap, yo lo que quiero es que se vaya Nicolás”, gritaban desde una acera de la avenida Tamanaco de El Rosal. Desde el otro lado le contestaban: “seis años más, y te la tienes que calar. Qué viva Nicolás”.
Otros opositores eran más conservadores y apelaban al entendimiento; simplemente pedían unirse para vivir mejor.
“No quiero lenteja ni caraota. Quiero comer bisteck y pollo”, gritaba una mujer que iba acompañada de su hija.
Los trabajadores de ministerios, que estaban en este punto, prefirieron sentarse por los alrededores y ver desde lejos los contrapunteos en las consignas. Les parecía una locura.
“A mí no me pagaron, yo vine porque quise” era otro de las consignas. Una trabajadora de Cacao Venezuela contestó entre su grupo más cerrado: “a mí no me pagaron, pero me obligaron, que es lo mismo”.
Los autobuses no hicieron falta. Dejaban a los trabajadores o habitantes de otros estados lo más cercano posible al punto de concentración y se estacionaban en avenidas habituales como la Libertador.
Tampoco hubo convocatoria masiva, como decían desde las tarimas. En la Avenida Nueva Granada, a la altura del Inces, apenas llenaron una cuadra. Mientras que en la Brion ocuparon cuadra y media. En la estación de bomberos de Distrito Capital había poco más de 100 personas, en su mayoría estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad.