Carnavales en Vargas transcurrieron entre derroche y falla en los servicios

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Las playas lucieron a capacidad plena el día lunes de Carnaval. Bañistas se encontraron con balnearios deteriorados, especialmente en servicios como sanitarios, duchas o vestidores | N. Noriega

La Guaira.- La vida es un Carnaval. Eso corea el famoso tema musical de Celia Cruz. Se supone que los cuatro días de asueto son para hacer de la vida un lugar más ameno para el disfrute. Por lo menos ese fue el objetivo de las autoridades del estado Vargas. Vestir el estado de color y jolgorio con la intención de consolidarse como el primer destino turístico del país y promover la reactivación económica.

Podría decirse que el objetivo fue logrado a medias. Según el Ministerio de Interior y Justicia, durante el Operativo Carnavales Seguros 2017, se contabilizó la movilización de 2,5 millones de temporadistas, cifra que supera la cantidad de visitantes de la misma temporada el pasado año. Sin embargo, las cifras no fueron “redondas”. La ocupación hotelera en Vargas no superó el 40% y las ventas, según los comerciantes playeros, estuvieron “muy flojas”.

Un día de asueto bueno es para vender 40 sopas, 40 tostones playeros y 40 pescados, además del refresco y las empanadas. Eso es un día bueno. Hoy he vendido tres sopas, cinco pescados y 12 raciones de tostones playeros y la playa está a reventar. Los únicos que sí salen bien parados son los de toldos y sillas, pues la gente siempre alquila”, dice Lucy Díaz, quien labora en un comercio en una playa en Naiguatá.

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Lo que también quedó en evidencia es la falta de servicios turísticos. Balnearios sin duchas, con baños deteriorados y vestidores cerrados pudieron ser apreciados tras recorrer el lunes de Carnaval el tramo que va desde Camurí Chico hasta playa Sheraton, al este de la entidad costera.

Según los trabajadores playeros el día con mayor afluencia fue el lunes de carnaval. La jornada sabatina y dominical fue calificada como “floja”, y ni hablar del martes, cuando muchos decidieron evitar cualquier tipo de congestión que dificultara el retorno.

La carroza del Consejo Legislativo de Vargas habría costado unos 9 millones de bolívares, lo que fue criticado por muchos ciudadanos | N.Noriega

Unos ríen, otros lloran

Pero los servicios turísticos no era lo único que fallaba. El servicio para el guaireño de a pie también lució minimizado. Así hubo grandes carrozas, pero no transporte público que cubriera las rutas urbanas en el litoral. “Tres horas en una parada y los autobuseros dicen que no van a trabajar porque las carrozas hacen cola. Ahora me salió caminar. Uno está condenado a no ir a ningún lado en estos días. Esto no es posible”, lamentaba Julieta Pérez, una mujer de 75 años, quien debió caminar unos 6 kilómetros para regresar desde casa de su hija a la suya, entre Carlos Soublette y Maiquetía.

Hubo despliegue de operativos de seguridad y puntos de socorro, pero los centros de salud, como el hospital Dr. José María Vargas, el seguro social de La Guaira o el Periférico de Pariata, sólo recibían los casos que a su juicio podían ser tratados.

Por ello, Luis Alberto Batista vio cómo eran ingresados a emergencia seis casos con contusiones menores, heridas que ameritaban sutura, alguna fractura de motorizado; mientras que a su tío, Reinaldo de los Ríos, cuyo examen de orina confirmó que una fisura intestinal había conducido heces fecales al canal urinario, el especialista le confirmaba que no podía recibirlo, pues no tenían cirujanos para esa intervención. El único quirófano activo podía resultar contaminado y tampoco tenían antibióticos de alta potencia, como los que ameritaba su organismo, según lo que proyectaba el conteo de glóbulos blancos.

“Esto es algo que se cuenta y no se cree. Un estado, un país, que gasta todos los recursos en hacer creer que la gente está bien, que estamos para carrozas y fiestas, cuando estamos en medio de una crisis por escasez y sin atención médica gratuita. Nosotros no tenemos recursos para atender a mi tío en un centro privado. Dicen que no lo pueden atender. Le dan una condena de muerte”, cuenta el joven sobrino.

Inversiones cuantiosas en carrozas contrastaron con los escasos caramelos ofrecidos a los niños | N. Noriega

Quizás esta dualidad de “estado rico, estado pobre” fue lo que más llenó de contrastes los carnavales en el litoral. El cronograma de actividades que comenzó con la elección de la Mini Reina el 18 de febrero, fue seguido de la Reina de la Tercera Edad, la apertura del operativo de seguridad, el desfile escolar, la elección de la Reina de Carnaval, la Ruta del Tostón, el recorrido de carrozas y comparsas, el concurso de construcción de castillos de arena, la exhibición de surf de remo y carrera de bananeros, los conciertos musicales con artistas nacionales, internacionales y regionales y hasta un concurso gastronómico.

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Se decoraron 12 paradas, en cada una de las cuales se invirtió un promedio de 800 mil bolívares. Las carrozas significaron una inversión entre 5 y 9 millones de bolívares, entre la decoración y el alquiler del vehículo de carga pesada. Esta cifra no incluye el talento, que muchas veces es contratado para entretener durante la travesía, cono el grupo de strippers que mostraba la carroza de la parroquia Caruao.

“Los carnavales son para los niños. Por ellos uno hace el sacrificio de buscar un disfraz. De sacarlos para que vean las carrozas. Sobraron adornos y estaban muy bonitas, pero lanzaban de cinco en cinco los caramelos. Creo que en eso es que debieron ser pichirres”, contó Arelys Mena, madre de dos niños que esperó las carrozas cerca de su casa en El Cardonal en La Guaira.

Y mientras muchos pasaron el asueto en colas para comprar pan y comida, dentro de la programación se hicieron concursos para premiar la mejor sopa Fosforera de Vargas | Foto Cortesía Gobernación de Vargas

En los escenarios gratuitos, los asistentes a la elección de la reina, que se dio en el polideportivo José María Vargas, así como los conciertos en el complejo ferial de Caraballeda, pudieron disfrutar de Diosa Canales, del dominicano Bonny Cepeda, Omar Enrique, Las Chicas del Can, Omar Acedo y Gustavo Ellis. Entre el oficialismo varguense se comentaba la “solidaridad” de la vedette Diosa Canales, quien habría hecho una cotización de unos 9 millones de bolívares, muy por debajo de sus honorarios tradicionales. El pago en dólares y bolívares del resto del talento lo hizo a través de una empresa el merenguero Omar Enrique, quien es ahijado del gobernador Jorge Luis García Carneiro.

“Es que todo luce tan extraño. Yo nunca imagine que iba a pasar el lunes y martes de carnaval haciendo cola para comprar pan. Entonces tu ves a las autoridades hablando de fiesta o desfilando en camionetas y piensas que son dos mundos, dos realidades. No se a dónde va a llegar esto”, comentó Héctor Mejías, quien dedicó cuatro horas, para lograr hacerse de dos panes campesinos y llevarlos a su casa.

Cerrada la temporada, los adornos carnestolendos se mantienen en Vargas hasta la llamada Octavita. El carnaval concluye y la falla de transporte, la carencia de los hospitales y las colas por comida prosiguen, sin necesidad de disfraz o comparsa.

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