Publicar datos epidemiológicos y dotar a los hospitales: retos de la nueva ministra de Salud

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Antonieta Caporale fue designada como ministra de Salud el pasado 4 de enero | Cortesía MPPS

Caracas.- Antonieta Caporale, actual ministra de Salud, escribió el 12 de enero, en su cuenta oficial en Twitter, que asumirá con “honestidad y humildad” su cargo en el despacho. Frente a una crisis sanitaria que se ha agravado, a la médica ginecobstetra le tocará enfrentar retos importantes para consolidar en el país un sistema de salud que garantice atención de calidad. Le corresponderá atar los cabos sueltos de un sistema que, pese a los logros enarbolados en el discurso oficial, ha dejado ver sus costuras en los últimos años.

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Además de las fallas en infraestructura de los centros de salud, los hospitales aún sin inaugurar desde 2007 y la reducción de cupos hospitalarios, Caporale tendrá que hacerle frente a la ausencia de medicinas e insumos médicos que padecen los principales centros asistenciales de la red pública que, según especialistas, comenzará con el mejoramiento de la producción de fármacos en el país y la garantía de recursos para la importación y fabricación de productos farmacéuticos.

La fuerte escasez de medicamentos e insumos agudiza en medio de la mera en los precios del petróleo que ha tenido incidencia en la obtención de dólares preferenciales para realizar compras en el exterior. Esa contracción económica ha comprometido las metas fijadas por el Ministerio de Salud en materia de producción de medicamentos.

De acuerdo con los datos del Ministerio de Salud, el Servicio Autónomo de Elaboraciones Farmacéuticas (Sefar), principal empresa encargada de la producir, adquirir y suministrar fármacos en hospitales, registró una merma en sus niveles de producción en los últimos años. En 2015, el Sefar se fijó una meta de 20.550.000 pero para el cierre de ese año solo produjo 714.740 (sueroral y cloroquina). Es decir, apenas un 3% del objetivo inicial. Lo mismo pasó en 2014: de una meta de 18.730.000 productos, solo se fabricaron 8.035.701.

Esas fallas llevaron a la Federación Médica Venezolana (FMV) a afirmar el año pasado que los centros de salud tienen entre 4% y 5% de los medicamentos esenciales que requieren para atender a los pacientes quienes deben comprar sus tratamientos. Incluso el acceso a insumos médicos quirúrgicos, cuya cifra estimada de escasez ronda 81%, según los datos arrojados en la Encuesta de Hospitales que elaboró la organización Médicos por la Salud y el Observatorio Venezolano de la Salud (OVS). En cuanto a equipos médicos y de diagnóstico, la realidad es crítica: La Asociación Venezolana de Distribuidores Médicos (Avedem) ya ha indicado que cerca de 50% de los equipos médicos no funcionan en centros de salud por falta de mantenimiento preventivo correctivo, lo que ha obligado a declarar el cierre técnico de diferentes servicios.

Eso explica, a juicio de José Félix Oletta, exministro de Sanidad, la razón del porque el número de intervenciones quirúrgicas sin ejecutar ha aumentado los últimos años en los hospitales públicos. “Hay un retroceso de cirugías electivas que alcanza a un número estimado de 400.000 en los últimos años que no se han hecho por no contar con especialista ni material médico quirúrgico. Actualmente en los hospitales solo se hacen cirugías de emergencia”, señala.

“La situación de los hospitales cada vez más deplorable. Para trabajar en los centros de salud y las consultas externas no hay insumos, ni equipos médicos, ni medicamentos esenciales. El Gobierno sigue elevando la tesis de que en el país hay un problema de distribución cuando, en realidad, el asunto es de disponibilidad”, reforzó el exministro de Sanidad.

Conjuntamente con la dotación de insumos médicos, también deberá mejorar la disponibilidad de alimentos en los hospitales, especialmente por los pacientes pediátricos. La Encuesta de Hospitales de OVS apuntó que 63% de los servicios pediátricos de los centros asistenciales del país no contaban con fórmulas lácteas. Muestra de ello fueron las protestas que durante 2016 protagonizaron las madres de los pacientes de la Maternidad Concepción Palacios y el J.M. de los Ríos, ambos hospitales situados en Caracas, que le solicitaban al Ministerio de Salud agilizar la dotación.

Desterrar el oscurantismo

El Ministerio de Salud se ha caracterizado por no publicar regularmente la información epidemiológica que garantiza el control y la vigilancia de las enfermedades endémicas y epidémicas de notificación obligatoria. Desde el año 2014, el despacho volvió a instaurar el silencio epidemiológico que comenzó con el exministro Jesús Mantilla: los Boletines Epidemiológicos quedaron engavetados.

Solo a mediados de febrero de 2015, el despacho volvió a colgar los documentos cuyos datos disponibles solo permiten conocer los guarismos epidemiológicos desde 4 de enero de 2015 al 4 de julio de 2015. Desde ese mes, el Ministerio de Salud no publicó más informes.

“El Boletín Epidemiológico no es información exclusiva del Ministerio de Salud. Su publicación es un reto que puede cumplir la nueva ministra en tan solo horas. Si no hay información epidemiológica constante se entorpece la planificación para atender los casos de acuerdo con el presupuesto que se tiene. No es lo mismo tener 200 casos de dengue a contar con 200.000 afectados, ni es lo mismo planificar para atender cinco casos de difteria que 300”, señaló el epidemiólogo Julio Castro.

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Castro resaltó que el Ministerio de Salud ha violado el derecho que tienen los ciudadanos a la información pública y los tratados internacionales como el Reglamento Sanitario Internacional que obliga a los países a comunicar sobre el repunte de las principales enfermedades.

Mientras la información de los boletines es considerada “secreto de Estado”, como lo califica Oletta, enfermedades como dengue, chicungunya, zika, malaria, escabiosis, rabia animal y tosferina, entre otras afecciones, registraron repuntes en el año 2016, según datos no publicados del Ministerio de Salud que descansan en los Formularios EPI-12. Diferentes organizaciones y sociedades médicas han reiterado a las autoridades la importancia de la divulgación epidemiológica por su utilidad para reforzar los planes de prevención y control de las enfermedades que, eventualmente, pueden afectar a la población venezolana.

Prevenir para prevenir

Aunque no hay información epidemiológica –al menos no difundida–, por referencias históricas se conoce que Venezuela fue pionera en el control de enfermedades que, a juzgar por las cifras oficiales y extraoficiales, han registrado repuntes en el número de caso. A Caporale le tocará coordinar un reforzamiento de los programas de prevención en salud y de los planes fijados para reducción de enfermedades como, por ejemplo, la malaria, cuya afección tuvo un aumento de 72% de casos (148.670 enfermos).

Oletta refiere que la débil vigilancia de la expansión de enfermedades pone en riesgo el desarrollo y la seguridad del Estado. “Desde el Estado no ha habido un esfuerzo por concentrarse en atender el foco del problema en el estado Bolívar desde donde se han exportado casos a otros estados y países vecinos”, acota el exministro de Sanidad.

Los especialistas precisan que Caporale debe hacer esfuerzos para mejorar las coberturas en la aplicación de vacunas cuyo alcance, en gran parte de las dosis, no llega a más de 95%, como lo establece la Organización Mundial de Salud (OPS). Las fallas de inmunización quedaron evidenciadas con la reaparición de casos de difteria que afectó entre 200 y 300 personas y dejó al menos seis fallecidos en seis estados del país, según los datos divulgados por la Red Defendamos la Epidemiología Nacional y la Sociedad Venezolana de Salud Pública.

El Ministerio de Salud también deberá poner lupa en el aumento de la mortalidad materna e infantil para lograr alcanzar una de las Metas del Milenio, fijadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que quedaron pendiente. De acuerdo con cifras oficiales aún no divulgadas, la mortalidad materna subió a 134 por cada 100.000 nacidos vivos en 2016, en comparación con lo registrado en 2013 cuando hubo 68; mientras que la mortalidad infantil aumentó de 14,8 aumentó a 18,6 por cada 1.000 nacidos vivos entre 2015 y 2016.

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