Al bate con… Yolanda Moreno: «Si fuera zuliana ya me hubieran puesto una estatua»

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Te sorprende llegar a la sede de Danzas Venezuela y que no esté sonando un joropo, sino “On Broadway” de George Benson. En el malogrado esplendor de la urbanización caraqueña de Colinas de Bello Monte, la especie de museo-altar de placas, muñecas, retratos y figuritas de santos que rodea en vida a Yolanda Moreno es una referencia tan conocida como la concha acústica o la morgue. Y a sus 81 años (nació con el gobierno de López Contreras), ella es 100% consciente de que su lunar en la mejilla es quizás la principal referencia que le queda a este país, con el perdón de Juan Vicente Torrealba, de Lila o de Mirla.

—Usted debe haber conocido a todos los presidentes…

—Casi todos. Menos este.

— Olvidémonos de sus obras de gobierno. ¿Cuál le dio mejor vibra en persona?

—Que me trataron bien y se preocuparon por la danza, Luis Herrera Campins, el doctor Caldera, Carlos Andrés Pérez. Con Carlos Andrés necesitábamos tal cosa y él era: “¡Dásela!”. A mí nunca me ha gustado mucho pedir. Prefiero quedarme aquí tranquilita y no depender de nadie. No soy política: soy la bailarina del pueblo. Y el pueblo es una mitad de una cosa y una mitad de otra cosa, o media mitad, o un cuarto de mitad. El arte no tiene color político. Es un medio que Dios nos ha dado para el enriquecimiento del espíritu y todostenemos derecho a eso. Todos. Nosotros en Navidad bailábamos en las cárceles para llevar un mensaje de alegría. Hoy no se puede.

—Usted quedará para la historia como la Negrita Marisol, la que tenía los ojos espantaos y no usaba ropa interior…

—Marisol era una negrita del 23 de Enero, una muchacha de barrio, en mi caso del barrio San Juan. Pura alegría, dicharachera… ¿cómo se diría ahora? Tremendita.

—Las negritas Marisol del siglo XXI andan con los ojos espantaos haciendo cola o con un bebé en brazos.

—Son distintas. Son mujeres. Son viejas ya, porque han sufrido todas las cosas que no debían a esa edad. Yo tenía 18 años y era como lo que sería hoy una niña de 12. Internamente limpia. Pendiente de mi mamá, de la escuela y de mis amigas.

—Si la falda de Yolanda Moreno hablara, ¿qué diría?

Mi primera falda era por la mitad de la pierna, de florecitas. Con tres metros se hacía el vestido para bailar. Yo a esos tres metros le metí 10 metros. Cuando yo salí con esa falda… ¡cómo me criticaronY mira hoyhicieron muñecas conmigo. La falda es lo que me identifica. 

—¿Ha vuelto a El Guarataro?

Hace quizás como dos años, para un programa que me hizo Globovisión. EGuarataro ya es otra cosa. Es distinto. la gente ha cambiado. Antes todo el barrio era una sola familia. Yo salía a repartir un dulce de lechosa que mi mamá preparaba y nunca en Navidad, por más pobres que fuéramos. Porque éramos muy pobres: mi mamá lavandera mi papá chofer. Pero tuve una niñez feliz, bella y encantadora. En mi barrio yo era más conocida que el pan de piquito, como se decía antes.

—Una hallaca no sólo es un plato de comida…

—No. Es el hecho de reunir a la familia, la costumbre de la Navidad. Que todo venezolano, por pobre que sea, reúna la familia alrededor de aunque sea una pelotica de masa. Es una tradición. En las danzas yo traduzco eso. Cuando pasen muchos años y ya yo haya desaparecido, tendrán que estar bailando “La tierra venezolana”, o “Cuando San Benito llegue al cielo.

—Pero esta devastación que vivimos se está llevando por delante todas las tradiciones y los tejidos sociales

No se pierdenCuando lasituaciones están peores, como las que estamos pasando nosotros ahora, la gente está trabajando. No hay pueblecito chiquitico que no tenga su grupito de danza, que no tenga su musiquita y que no tenga cosas grabadas mías en televisión. La danza nacionalista ha recorrido y ha llenado

todo el país. Las generaciones nuevas están oyendo reggaetón pero regresan y oyen nuestra música tradicional. Nosotros no podremos olvidar jamás las tonadas de Simón Díaz.

—¿Qué le costó más bailar?

Todos los géneros son difíciles.

—¿Pero no hubo uno al que nunca le agarró el tumbao?

Nunca. A todo le he entrado. Yo recuerdo el escándalo de la lambada. Esas danzas urbanas y contemporáneasesas cosas de tirarse por el suelo, eso no me llama la atención. No siento que hay arteLas letras, sobre todo, son feas. Repiten 20 mil veces te quiero, te quiero”. ¿Qué es esochico? No tienen un poquito de creatividad. ¿Michael Jackson? Eso sí era un artista. Un creador de primera.

—Usted ha llevado casi durante 70 años una vida de atleta de alta exigencia. ¿No siente esos rigores en su cuerpo?

—Tengo 81 años, y sigo trabajando bailando todos los días. No hay descanso para . Hay clases en las que, por supuesto, una bailarina me ayuda. Pero el día que Yolanda Moreno no aparezca trabajando, ¡listo! Murió. La escuela y las niñas son un incentivo permanentequieren ser como yo.

—¿Lesiones graves?

Ni lo quiera Dios (toca madera). Nunca. Yo he sufrido toda la vida es de un lumbago que lo tengo desde que tenía 17 18 años. Hay dos cosas que he tenido siempreun herpes zóster que me sale en la boca y el lumbago. Yo no me paro por eso. Claro, me paro y me siento un rato. Hoy los jóvenes no vienen a bailar porque les duele la cabeza o tienen fiebre. Yo nunca paré. Dios sabrá lo que me va a mandar. De algo me tendré que morirpero hasta ahora no lo .

—Tiene dos hijos y tres nietos. ¿Ni siquiera paró cuando los partos?

—¡Jamás! Tenía siete meses de embarazo y estaba bailando. Y daba luz y me decían que tenía que reposar 40 días. Y yo: ¡qué 40 días nada! Llegaba corriendo a darle pecho al muchacho y volvía otra vez a trabajar. Pertenezco a otra cosa, a otra generación para la que el dolor no era excusa.

—¿Tiene Facebook?

Es lo que menos veo. Me fastidia. En esa tontería pierdo mucho tiempo. Reviso el Whatsapp porque me mandan muchos mensajes de todas partes del mundo. Me choca cuando veo a las bailarinas pegadas al celular. Hay un grupo de Whatsapp en el que me mantienen al tanto de todo lo que está sucediendo, porque los periódicos ahora solo traen tres hojas y son demasiado caros. Y en ese Twitter dicen muchas mentiras. Lo veo un ratico y ya. No soy muy amiga de las redes. Pero las redes son las que mandan ahorita. 

—¿Conoció a José Antonio Abreu?

Por supuesto. Lo he sentido terriblemente. Él me decía: los bailarines son los mejores embajadores de cualquier nación. Ahora tengo una gran tristeza y siento un gran miedo de que su obra vaya a desaparecer, como ya ha ido sucediendo con el Ballet Teresa Carreño. Por eso estoy formando gente para quecuando yo no esté, agarren la bandera y sigan adelante.

—¿Piensa en la muerte: poco, mucho o nada? 

—De repente cuando veo que se me están muriendo los bailarines, como Xiomara Vasconcellos, entonces me digo: oye, está cercano.

—¿Caraqueña a mucha honra?

—El venezolano mientras más campesino es más sabio. Yo lo he comprobado. Pero yo soy caraqueña, ¿qué hago? Si fuera zuliana ya me hubieran puesto una estatua.

—¿La han llamado de otros países para decirle: Yolanda, véngase?

—Muchas veces. Tengo alumnos en todas partes del mundo. Me han dicho: quédese aquí. Yo estoy máximo 10 o 20 días. Todo es muy bello, todo es muy bueno, todo es lo que tú quieras. Pero a mí me gusta es acá. Yo voy y vengoNo me quedo en ninguna parte. Yo no puedo abandonar mi escuela. Ni a mi país. No sé, la cosa se está poniendo cada día peor, pero yo no me veo en ninguna parteYo me veo es aquí.

—Una bailarina, usted lo sabe, siempre saca la sonrisa como una chapa aunque por dentro se esté muriendo. ¿Cómo transmitirle eso al pueblo venezolano? 

—No todo puede ser tristeza. Hay un momento en que el hombre necesita el espírituUn hijo mío me dice que yo vivo en el mundo de Disney. Pero tengo los mismos problemas que tienen todos. En mi casa no hay harina PAN. Uno de mis bailarines, un muchacho pobre, se gastó 50.000 bolívares en un pirata para venir de Santa Teresa del Tuy. Una pensión no alcanza para  medio cartón de huevos. ¡No alcanza! No es fácil cuando una madre tiene cuatro muchachos y el marido la abandona, y se le va el agua y la luz, y no tiene cómo pagar las cosas. Sus niños no van a ser iguales porque no desarrollarán bien su cerebro. El pobre de ahora no era el pobre de antes, porque no faltaba la comida o la medicina.

 

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