En Casalta crece un jardín de hierbas para calmar la angustia

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Rafael Carta tiene un jardín de 300 metros cuadrados que aparece como un oasis luego de atravesar Propatria, una zona al oeste de Caracas en la que abundan vendedores ambulantes, motorizados en las aceras y botaderos de basura. Comenzó a construirlo hace años, ya no recuerda cuántos, pero desde febrero de 2018 se ha dedicado a eso casi a tiempo completo. Cuatro días a la semana se pone sus zapatos deportivos, un pantalón grueso y una franela de mangas largas, para evitar las picadas de los zancudos, y cava, limpia, poda y riega todo el espacio.

Es administrador de profesión y trabajó durante años en fábricas de ropa deportiva, sin embargo, la herbología lo apasiona desde que empezó a aprender sus técnicas. Durante 2018 ha estado laborando cada vez menos como administrador y más como jardinero.

Sus favoritas son las bromelias, unas plantas tropicales que florecen durante todo el año. También tiene árboles de plátano, cambur, aguacate y mango. Siembra cebollín, ají, espinaca, orégano, albahaca y romero. Cuando quiere condimentar alguna comida, baja al jardín y toma lo que necesita.

Su proyecto más reciente son las hierbas de malojillo, toronjil, menta y yerbabuena. Recibe a sus visitantes con una infusión caliente que, asegura, alivia los malestares y el estrés. Toma un poco de hierba, las amarra con pabilo y las sumerge en agua hirviendo, luego pasa la mezcla por un colador, agrega un poco de papelón o azúcar y listo.

En principio, su motivación para sembrar hierbas y preparar infusiones era ayudar a calmar las tensiones de sus vecinos: “Tú ves a la gente mortificada, angustiada, por la situación, en las colas, a diario y lo que hacen es tomar café, que más bien los altera. Entonces yo comencé a repartir infusiones en las colas, eso es muy sanador”. Luego, vio la posibilidad de generar ingresos con eso y ahora vende manojos de hierbas y puede ganarse entre 150 y 200 bolívares soberanos semanales.

Su jardín lo abona con una mezcla que él mismo prepara. Sus vecinos le reservan los desechos orgánicos, como conchas de frutas y vegetales, borra de café y cáscaras de huevo, y eso lo utiliza para hacer que las plantas crezcan.