Invasión del paludismo llegó a Puerto Ordaz

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En el ambulatorio de Vista al Sol nunca habían atendido malaria. Desde julio, reportan recibir más de 100 pacientes palúdicos l Foto: Oliver González

Ciudad Guayana.– En 19 años que tiene Natividad Moreno viviendo en Puerto Libre, comunidad popular asentada a orillas del río Caroní en Puerto Ordaz, nunca se preocupó por el paludismo; hasta hace cuatro meses y medio.

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“Todo comenzó con un guyanés que viaja a trabajar a las minas. Regresó de allá (Tumeremo) y pasó su paludismo aquí”, recordó. Seguidamente, otra vecina guyanesa –no relacionada con el primero–, que también trabaja en Tumeremo, regresó contagiada de malaria. Y de ahí, la expansión fue inmediata.

Para septiembre, el paludismo había tomado Puerto Libre, sector perteneciente a la parroquia Cachamay. La nuera de Moreno, Yanelkis Lezama, se enfermó ese mes. “Nunca conseguía el tratamiento. Íbamos de un lado a otro buscando y ella se fue debilitando”, expresó. Los ambulatorios que para ese momento dispensaban los fármacos eran muy lejanos a su comunidad.

Y lo eran porque hasta 2015 la malaria nunca había tocado el corazón de Puerto Ordaz. La enfermedad se confinaba a los municipios mineros del sur del estado Bolívar, sobre todo en Tumeremo.

Según el último boletín epidemiológico del Ministerio de Salud, al 4 de julio de 2015, del total de 67.732 casos de paludismo en Venezuela, Ciudad Guayana presentó apenas 165 contagios, dos de ellos en la parroquia Cachamay.

Un año después, los casos aumentaron de forma tal que solo en una comunidad de esta circunscripción, Puerto Libre, totalizaron 75. Así lo informó Moreno.

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Yanelkis Lezama murió por falta de tratamiento para el paludismo el 17 de octubre. Una segunda muerte alarmó a la comunidad, que decidió, a principios de noviembre, protestar en la calle para exigir tratamientos accesibles, atención médica y fumigación para el sector.

Retroceso sanitario

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), para 2015 los contagios de paludismo a nivel mundial se redujeron en 37 por ciento, y la mortalidad por esta enfermedad disminuyó en un 65 por ciento.

El caso de Puerto Libre refleja que la tendencia en Venezuela está alejada de los progresos mundiales. De hecho, la Red Defendamos la Epidemiología indicó el 13 de septiembre que en 2016 los casos aumentaron en 72 por ciento versus el año pasado, con 148.670 pacientes. La proyección podía alcanzar los 350.000 pacientes a fin de este año.

El director del Distrito Sanitario Nº 2 Caroní, Manuel Maurera, ha sido reiterativo en que no revelará las cifras oficiales locales de malaria, pero asegura que el incremento se ha debido al poco control epidemiológico entre los poblados mineros y Ciudad Guayana.

El aislamiento de los casos positivos de paludismo y la eliminación del vector, el mosquito Anopheles, portador del parásito Plasmodium, es esencial para evitar la propagación de la enfermedad.

“Ya no se puede decir que los pacientes son solo del sur. Tenemos casos autóctonos. El mes pasado la prioridad para atender los pacientes de paludismo eran de 25 de Marzo e Inés Romero”, dijo una enfermera del ambulatorio de Vista al Sol en San Félix. Las comunidades mencionadas pertenecen a la parroquia 11 de Abril, que en el reporte de 2015 tenía apenas 11 pacientes palúdicos.

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Desde julio de este año, la enfermera reveló que en el ambulatorio reciben hasta más de 100 pacientes diarios. Según reportes de El Pitazo, la malaria se ha expandido sin igual también en los estados Monagas, Delta Amacuro, Anzoátegui, Vargas y Sucre.

Las cifras reflejan un precario control epidemiológico, comparable solo con el África subsahariana, región que según la OMS concentra el 80 por ciento de los casos de paludismo a nivel mundial.

Fuentes consultadas en ambulatorios de Puerto Ordaz y San Félix aseguran que este mes hay disponibilidad de tratamiento antimalárico l foto: Oliver González

San Félix, olvidado

La protesta de Puerto Libre sirvió para que habilitarán puntos de atención cercanos a su comunidad, como el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) de Castilito y el hospital Militar; y también para que fueran atendidos, con una jornada de fumigación por dos semanas; estas acciones frenaron  los contagios.

Al otro lado de la ciudad, en San Félix, no ocurre lo mismo. La semana pasada se pronunciaron La Laguna, Campo Rojo y Fronteras de Guaiparo, entre otras comunidades de la parroquia Dalla Costa, para denunciar un brote de malaria que registra 350 contagios.

El boletín epidemiológico de 2015 no reportaba ningún caso de paludismo en Dalla Costa. Elina Jiménez, vecina de La Laguna desde hace 45 años, confirmó que en su sector nunca se ha visto algo igual. Actualmente se recupera de su tercera infección de malaria, enfermedad que provoca altas fiebres, dolor de cabeza, escalofríos y vómitos.

Al igual que en Puerto Libre, el paludismo comenzó en La Laguna cuando un par de jóvenes regresaron de Tumeremo contagiadas, hace cuatro meses. “A toda la familia de ellas les dio y así se fue pasando. Pero ellas se volvieron a ir”, dijo Jiménez.

“El problema es que Sanidad más nunca vino por aquí a fumigar, a inspeccionar las casas, como hacían antes, que Malariología venía con una cavita a ver quién tenía (paludismo). Además esta comunidad está muy sucia”, añadió.

La comunidad ha recurrido a quemar la basura, por la falta de servicio de aseo urbano, que en Caroní tiene cuatro años siendo gratuito. “Sabemos que eso hace daño al ambiente, pero algo tenemos que hacer para evitar las plagas”, expresó uno de los vecinos como alegato defensivo, puesto que las cuatro solicitudes formales que han hecho al Distrito Sanitario para fumigar han sido en vano.

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También han considerado protestar en la calle, pero actualmente esperan reunirse con el jefe del Distrito Sanitario el lunes 12 de noviembre para insistir en sus solicitudes.

Fallas del sistema

Jiménez ha mermado su activismo vecinal por estar recuperándose de malaria. Refiere que el tratamiento se lo hacen tomar diariamente dentro del ambulatorio del Core 8, donde lo retira. “Eso es un control que ellos llevan, porque están bachaqueando el tratamiento en 40 mil bolívares”, indicó.

Los sectores mencionados nunca antes habían sido azotados por un brote de tales dimensiones. En Ciudad Guayana, la parroquia líder del paludismo era Pozo Verde, que en 2015 concentró 124 de los 165 casos confirmados en la ciudad.

La fuente consultada en Vista al Sol aseguró que a esta parroquia ahora se suma 5 de Julio, donde hay comunidades completas afectadas por la enfermedad. Tal es el caso de Las Morucas, que esta semana fue la prioritaria para dispensar tratamiento.

Según la OMS, hay dos métodos esenciales para luchar contra el paludismo: colocación de mosquiteros con insecticidas en los hogares e infraestructuras vulnerables, y la fumigación con insecticidas de acción residual (Fiar), cuya efectividad se prolonga por hasta seis meses. Sin embargo, estos procedimientos son casi inexistentes en Ciudad Guayana. En las comunidades consultadas, la fumigación no se realiza desde hace varios años, y han tenido que protestar en la calle para lograr un operativo, luego de que hubiera tres muertes por paludismo, como fue el caso de Puerto Libre.

Tras la masificación de los contagios, ahora son más de 10 los ambulatorios y hospitales que atienden paludismo en Ciudad Guayana. En mayo solo atendían en Manoa l Foto: Oliver González

Otra fuente vinculada a la red de ambulatorios del Estado en Caroní, que exigió el resguardo de su identidad por temor a represalias, aseguró que desde la Dirección Nacional de Epidemiología les «dijeron que no hay insecticida para las fumigaciones en todo el país» y que se encuentra «escaso, porque todo eso es importado”.

Además, la memoria y cuenta del Ministerio de Salud en 2015 reconoce, en el apartado del Instituto de Salud Pública del estado Bolívar, escasez de vehículos para acceder a todas las comunidades y efectuar las fumigaciones.

El organismo internacional apunta que “los viajeros pueden tomar fármacos profilácticos que detienen la infección (paludismo) en su fase hemática y previenen así la enfermedad”, mecanismo que no se activa en pacientes de Tumeremo que salen de su zona. La propagación de la malaria lo evidencia.

Sin embargo, el Gobierno nacional sí ha destinado recursos millonarios para contrarrestar la epidemia. La Micro Misión Malaria se creó en 2015 para ello y recibió 434.463.316 bolívares. Lo recordaron este 29 de septiembre en la Asamblea Nacional, cuando el Parlamento acordó investigar el destino final de estos recursos, en vista del repunte sinigual de los contagios nacionales.

En lo positivo, durante esta semana hubo suficiente tratamiento disponible tanto en centros de Puerto Ordaz como en San Félix. Las manifestaciones vecinales revirtieron la situación de hace siete meses, cuando pacientes palúdicos protestaron en el ambulatorio de Manoa por escasez de medicamentos y reactivos para evaluar la malaria.

El reporte de la OMS explica que “muchos países en los que la prevalencia del paludismo es elevada no disponen de suficientes sistemas de vigilancia y no son capaces de analizar la distribución y tendencias de la enfermedad, por lo que no pueden responder de forma óptima ni controlar los brotes”.

En Venezuela, el boletín epidemiológico, que permite evaluar públicamente el comportamiento de las enfermedades, no se publica desde el 4 de julio de 2015.

La nuera de Natividad Moreno murió de paludismo a los 25 años. Dejó huérfano un niño de 2 años. No trabajaba en Tumeremo. El paludismo llegó a su casa y no le fue fácil conseguir el tratamiento.

Su muerte pudo evitarse si el Estado hubiera cumplido con los protocolos de prevención de salud pública. Pero al mismo tiempo, activó a la comunidad de Puerto Libre para hacer valer sus derechos y obtener un poco de atención de las autoridades sanitarias de Caroní.

Por ahora, un comité de cinco vecinos se mantiene vigilante del avance de la malaria en el sector, asegurándose de que los casos estén aislados en sus casas, aunque no han recibido mosquiteros y hace dos semanas que no les fumigan.

El paludismo invadió y se quedó en Guayana este 2016.

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