La esperanza de los venezolanos en La Guajira está puesta en el Usns Comfort

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La Armada de EEUU se instaló en Riohacha después de pasar por Turbo, en el departamento de Antioquia, al oeste de Colombia. Foto: Andrea Tosta

Riohacha.- El movimiento militar estadounidense en La Guajira podría simular una invasión. Helicópteros de guerra sobrevuelan el cielo de Riohacha y aterrizan en sus playas, desde donde desembarcan cerca de 10 oficiales uniformados al trote. Carros militares DE color beige transitan la calle 1 de la ciudad y el camuflaje verde oliva y azul marino se mezcla entre los vendedores guajiros que se apostan en el paseo a la orilla del mar. A lo lejos, despunta la silueta del Usns Comfort, que ha navegado hasta distintos puntos de la región.

Pero ni colombianos ni venezolanos temen por su presencia. Muchos sacan sus celulares inteligentes y graban los helicópteros. Otros simplemente miran, sin gritos ni algarabía. Los locales reconocen el buque estadounidense, así como la asistencia médica que se desplegará en La Guajira, tal como se hizo en Turbo, en el departamento de Antioquia, al oeste del país.

Es la esperanza de personas como Evelyn Hernández, venezolana de 38 años, quien espera hacerse una citología después de siete meses de no ir a una consulta ginecológica. “Hay que aprovechar la oportunidad, porque, obviamente, la situación económica es muy difícil aquí, el ginecólogo es muy costoso”, contó a El Pitazo.

Las expectativas crecen en los venezolanos que están en La Guajira y que esperan atenderse con los gringos. Hernández no sataniza la labor de los estadounidenses, como lo hizo entonces el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el actual mandatario Nicolás Maduro. En cambio, agradece la presencia de los extranjeros en Colombia. “Yo creo que van a hacer un trabajo exitoso y satisfactorio. Ojalá se dé porque la gente venezolana que está acá está muy alegre”, confesó, a pocos metros del colegio Divina Pastora, uno de los puntos de atención en tierra firme, ubicado en la calle 1.

En diciembre cumplirá un año desde que se fue de Aragua, donde ejercía como profesora suplente. Se le aguan los ojos cuando piensa en la oportunidad que se materializará el lunes. “Hay que agradecer a Dios lo que los otros países están haciendo por nosotros los venezolanos, que estamos acá guerreando y que nos fuimos por la situación económica tan fea que estábamos pasando allá”.

El colegio Divina Pastora es uno de los centros de atención en tierra firme, junto al Almirante Padilla, en Riohacha. Foto: Andrea Tosta

La también venezolana Karianny Vallejos, de 30 años, califica la asistencia médica como “un milagro de Dios”. Después del censo con las autoridades de Colombia, la vendedora ambulante podrá proveerle a su hija de siete años una operación en las rodillas, último paso para que pueda caminar normalmente. Ha escuchado que las operaciones que se llevan a cabo en el buque Usns Comfort “han sido un éxito”, explicó a El Pitazo.

Su hija tendría que trasladarse hasta el buque en helicóptero. Es la dificultad que tiene la misión en Riohacha en comparación con otras, donde los traslados se han efectuado en botes. Incluso, los médicos deben movilizarse por aire hasta la embarcación, donde dormirán durante su estadía.

Alejandro Valencia, funcionario de la alcaldía de Puerto Santander, espera poder montar al venezolano Cristian León, de un año, en el Usns Comfort sin trámites. El pequeño recibió una bala perdida en un enfrentamiento en La Tendida, ciudad fronteriza del estado Táchira con Mérida, en Venezuela. Perdió parte del conocimiento y tiene vista reducida después del impacto en la parte de atrás de la cabeza. Al conocer el caso se sensibilizó con la familia, al punto de recaudar un millón 500.000 pesos –alrededor de 500 dólares– para el traslado del niño.

“Va a cumplir dos años en diciembre. Vamos a hacer todo lo posible para que este sea su regalo de cumpleaños. Este es el esfuerzo más grande que hemos hecho”, dijo Valencia a El Pitazo sobre el venezolano que describe como “un morenito simpático y muy tierno”. Más que amenaza, el buque se convirtió en símbolo de esperanza para los venezolanos en La Guajira.

 

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