Organización de familiares de víctimas de asesinatos extra judiciales busca hacer justicia

39

32 mujeres sedientas de justicia conforman la Organización de Familiares Víctimas de Violación a los Derechos Humanos (Orfavideh). En su mayoría se trata de madres cuyos hijos fueron asesinados “a mansalva” por funcionarios policiales o de la Guardia Nacional en todo el país y que siguen esperando que los responsables de sesgar la vida a estos jóvenes sean juzgados y condenados.

“Somos violentadas en el derecho de ser madres; nos matan a un hijo y nos marcan para siempre, porque la muerte de un hijo no se supera jamás”, relata Dilcia Mendoza, una de las dirigentes de la organización, que tiene 10 años esperando que se haga justicia en la muerte de su hijo Carlos Alberto Mora, analista contable que soñaba con ser criminalista, al que un Policía Nacional le disparó a los 19 años.

Lea también Madres de víctimas de excesos policiales crean una ONG para exigir justicia

Este grupo de mujeres tiene tres años de organizado y no están solas: cuentan con el respaldo de la organización no gubernamental dedicada a la protección y promoción de los Derechos Humanos Cofavic y brindan a todas las que se acercan asesoría legal y psicológica, además de acompañamiento y la solidaridad que solo puede brindar alguien que ha vivido la misma desgracia.

Además, garantizan el acompañamiento al grupo familiar y preparan a las madres para enfrentar el caso en Fiscalía en compañía de alguno de los abogados dispuestos por Cofavic, tal como explicó Aracelys Librada, quien dirige Orfavideh y procura que no quede impune el asesinato de su hijo Darwilson Sequera, quien falleció en junio de 2013.

Cuando me matan a mi hijo yo no sabía qué era la violación de los Derechos Humanos, ni sabía dónde acudir. Yo me sentía perdida y sola y en vista de eso decidimos prestar ayuda, orientación y acompañamiento a quienes están pasando por eso ahora y se sienten como yo me sentí tantas veces”, relató Librada, a quien se le nota el temple cuando habla de que “aunque no cree en la justicia venezolana” lucha cada día porque se haga la justicia en la que ella cree en el caso de su hijo.

Lea también Cofavic: En 66 % aumentó el registro de presuntas ejecuciones extrajudiciales en 2016

Explican que, aunque al principio los familiares acuden a ellas atemorizados –pues en muchos casos son amedrentados para no denunciar–, “los impulsamos a denunciar, porque ese es el primer paso. Muchas denuncian y a los cuatro meses quieren desestimar el caso, quieren tirar la toalla y ahí es donde nosotras insistimos para que sigan adelante, porque muchas madres decaen porque no ven la justicia rápido, pero eso no va así. Uno tiene que mantenerse, luchar y continuar. A veces nos preguntamos ¿para qué hacer justicia? Vamos a dejarlo en manos de Dios, pero uno debe poner un granito de arena y ese es el apoyo que nosotras les prestamos a ellas”, tal como cuenta Dilcia.

Dentro de este grupo hay mujeres que tienen hasta 11 años esperando que los asesinos de sus hijos sean puestos a la orden de la justicia y la experiencia las ha curtido. Gracias a los talleres que organiza Cofavic han aprendido herramientas legales para el tratamiento de sus casos y escucharlas hablar es como tener enfrente a abogadas de oficio. “Nosotras no somos abogados, pero vamos aprendiendo: ahora que sé y que reconozco que tengo derecho a acceder a mi expediente, puedo saber el montaje sobre el caso de mi hijo”, cuenta Aracelys, para quien el valor más importante de Orfavideh es que todas estas familias se vuelven replicadoras de los casos y los hacen públicos para que se denuncien y sus hijos “no queden solo como uno en una lista, un número más”.

Nosotras pensamos que así como nosotras se sintió un montón de gente, porque es común que los fiscales le digan a una ‘tu hijo es delincuente y aquí no hay cosa jurídica para acusar’. Pero ahora nosotras estamos preparadas psicológica y legalmente y así ellos digan que nuestros hijos fueron delincuentes, nosotras podemos demostrar que eso no es así”, expuso.

Ante la interrogante de qué pasa cuando esos muchachos asesinados si estaban en malos pasos, las dirigentes de la organización son firmes: “los Derechos Humanos no prescriben y en este país no hay pena de muerte. El deber es llevárselos e investigarlos, no matarlos…Aquí no juzgamos el comportamiento de la persona sino la violación a sus derechos. No juzgamos la actuación y los pasos de esos muchachos, sino la forma en que perdieron la vida. Aquí cualquier persona que se presuma delincuente debe ser investigada y puesta a la orden de las autoridades, no asesinada a mansalva”.

Es así como Milagros Cesa, otra de estas valientes mujeres, deja a un lado el dolor que le produjo el asesinato de su hijo, una promesa del boxeo venezolano, y pide a las mujeres que pasan por esta situación acercarse a ellas, que están de lunes a miércoles de 9 am a 4 pm en las oficinas de Cofavic, o comunicarse a su correo [email protected] para asesorarse y conseguir ese bastón que tanto necesitan para emprender una lucha contra los asesinos de sus hijos, que se amparan bajo un uniforme policial.

Estas mujeres se aferran a la esperanza que les da que 5 de los 32 casos que llevan están a punto de entrar a juicio, y aunque en ninguno se ha hecho justicia, están convencidas de que lo lograrán, porque “la justicia tarda pero llega”.

“La esperanza, la fe que tengo, es tener a esa persona frente a mi siendo juzgada, y que yo tenga la paz de saber que será condenada. Que está pagando y no va a cometer otros crímenes y dañar a más familias”, es la idea en la que Dilcia resume la lucha de estas guerreras.

¿Qué tan útil fue esta publicación?