Vendedores ambulantes son “los dueños y señores” del sistema ferroviario de los Valles del Tuy

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Valles del Tuy.- Café y chocolate caliente, periódicos, chucherías de cualquier tipo, lápices, borras, depurativos naturales, ungüentos, afeitadoras, tomate, cebolla, cebollín, cilantro y hasta el servicio de un tatuador que le hace cualquier diseño desde la comodidad de un muro de la estación: son apenas algunas de las cosas que puede encontrar si se aventura a abordar el sistema ferroviario Ezequiel Zamora de Valles del Tuy.

Ya casi sin sorpresa, los pasajeros del ferrocarril ven a niños, jóvenes y viejos pidiendo dinero en las instalaciones o dentro de los coches y, como si estuvieran en un mercado popular, compran gustosos la mercancía de estos vendedores ambulantes, para quienes es más rentable la venta informal dentro del sistema que buscar un trabajo fijo, pues en un buen día pueden ganar hasta 70.000 Bs.

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Así lo refirió Alfredo, que tiene cinco años trabajando como “buhonero” en el ferrocarril y con lo que gana mantiene a su esposa y sus hijos de 12 y 5 años de edad. “Uno aquí trabaja tranquilo. Es un poco peligroso, porque corres riesgo de que te quiten la mercancía y perder tu inversión, pero ¿qué hago? Yo tengo que darles comida a mis hijos”, expuso este hombre, a la vez que contaba una gran paca de dinero sentado en un muro de la estación Charallave Sur.

Los trabajadores informales han asumido las instalaciones del ferrocaril como su lugar habitual de trabajo | Foto: Carolina Soto

Para Alfredo un día de trabajo equivale a cuatro o cinco vueltas completas en el recorrido Cúa-Caracas-Cúa, con eventuales paradas en Charallave Sur. Cuenta que completa este tramo en una hora y que con una inversión de 50.000 Bs en “SuperPopi”, Galletas, turrones y chupetas, logra hacerse de una ganancia de 20 mil Bolívares en un día de pocas ventas.

Se muestra indiferente ante la presencia de efectivos de la Guardia Nacional que hacen recorridos eventuales por las estaciones y explica que solo le quitan la mercancía si lo ven vendiéndola dentro de los coches. “Si me ven vendiendo me la quitan, pero en las estaciones no, porque los guardias ya saben quiénes son los más viejos aquí”.

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Pero es el usuario el más afectado de que no haya ningún tipo de seguridad en el ferrocarril, tal como lo asegura la señora Zaida Campos, que toma uno de los últimos trenes del IFE en la noche y que, al igual que el resto de los ciudadanos que hacen uso regular del sistema, advirtieron sobre “una mafia” entre autoridades y vendedores ambulantes, que ha impedido la erradicación de la economía informal en el ferrocarril.

“Hace falta una campaña educativa para la gente, porque ahora tienen la voz de Hugo Chávez en los altavoces contando lo maravilloso que es el sistema, en vez de tener campañas educativas y mayor seguridad en el uso del sistema para que la gente tome conciencia y ayude a usar el servicio”, agregó Campos.

El reporte de los usuarios sobre una supuesta mafia fue negado por Alfredo y el resto de sus compañeros, quienes refirieron que la seguridad solo les quita la mercancía y los desaloja, pero no les quita el dinero que han ganado.

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No obstante, dentro de los vagones, en los 30 minutos de viaje se pueden escuchar conversaciones entre los vendedores como esta: “El paco me pidió 5 mil Bs y yo se los entregué, porque es mejor que entregarle el realero que gasté en mercancía…Que se quede con esa plata, que yo vendiendo hago más”.

Al respecto, un miembro del cuerpo de seguridad de la Policía Nacional encargado de la custodia de las estaciones del sistema ferroviario, quien prefirió no dar su nombre, aclaró que la venta informal dentro del transporte es una falta, no un delito, y como tal acarrea el decomiso de la mercancía y el desalojo del sistema.

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Recordó que hace unos 3 años había 23 ciudadanos vendiendo su mercancía dentro de las instalaciones del ferrocarril y que la PN les levantó todo el procedimiento indicado ante las fiscalías municipales, pero que ahora son unos 200 vendedores, a los que “es imposible reconocer, porque por aquí pasa gente que trae cosas para sus negocios o familias y no podemos sacarlos del sistema a menos que los encontremos en flagrancia”.

El funcionario reportó que a diario desalojan a unos 10 o 15 vendedores informales, pero admitió que no tienen manera de verificar si estos entran de nuevo o no al sistema, pues la falta de personal y el volumen de personas les impiden tener un control más riguroso de quienes entran y salen.

Mientras tanto, “aquí nadie hace nada por esa situación, esos buhoneros son los dueños y señores del ferrocarril y los pasajeros tenemos que darles paso, comprarles y permitirles cualquier cosa porque es mejor eso que enfrentarse a uno de ellos para que te caigan todos los demás encima”, reflexionó la señora Eloisa Charles, que todos los días sufre el tren de los Valles del Tuy y que admite que eventualmente le compra alguna golosina a “los carameleros” para sobrellevar el viaje.

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